Violencia escolar

domingo, 5 de junio de 2011 · 00:00

 

por Lic. Andrea J. Carpaneto*

 

La discriminación entre los/as niños/as es una forma de violencia cotidiana en las escuelas. Las formas que toman estas violencias entre ellos/as usualmente son secretos; sólo lo descubren los adultos, cuando un niño/a se anima a hablar.

La discriminación se observa en “bromas” sobre el origen étnico, la religión, las diferencias socio-económicas, rasgos físicos (la obesidad, es el más relevante); todo aquello que para un/a niño/a es diferente.

Los/as niños/as, lejos de comprender lo que son capaces de producir con estos actos discriminatorios hacia sus pares, son efectores de violencias emocionales sobre otros niños/as, que dejarán huellas en los años de la infancia.

Podemos agregar, a partir de la gran inmigración de países limítrofes y otros latinoamericanos, burlas del estilo “bolita” o “paragua”. Como si esto fuera un insulto, otra forma de discriminación.

En el/la niño/a víctima, la violencia verbal o física provoca efectos, de los cuales no puede escapar. Quedan atrapados, se sienten acorralados, sin salida. Se aíslan, se quedan solos en los recreos, permanecen en silencio, no comparten con nadie lo que padecen. Son niños/as que no quieren ir al colegio, se relacionan con pocos compañeros/as, viven silenciosamente el calvario de ser el blanco de las denigraciones de sus compañeros/as del aula. Comienzan a sentir una profunda angustia.

Pero, ¿Por qué sucede esto? Una de las razones es que la violencia está instalada en todas las instituciones públicas y privadas y estructuras sociales de nuestra sociedad: clubes, espacios deportivos y de recreación, recitales y eventos culturales. La institución escolar, los grupos de niños/as, adolescentes reproducen los modelos de ejercer el control y el poder sobre los más débiles al igual que sucede en la sociedad. Ellos no hacen más que recrear y reproducir lo que ven afuera, lo que observan en sus hogares, en su barrio y en los medios de información, que no es, ni más ni menos, lo que sucede en la vida cotidiana. La violencia está naturalizada por los medios y sobre todo la televisión, donde se muestran escenas de violencia. Donde la opción es “mirar” o cambiar de programación. El mirar constantemente estas escenas lleva a la naturalización de las mismas por la sociedad. Se transforman en lo “normal”. Los niños/as expuestos/as a estos estímulos visuales, también las naturalizan, se observa cuando no causa en ellos/as ninguna sensación de horror, sino como actos comunes, y cotidianos. Dejan de producir miedo y sorpresa.

La escuela es el lugar para transmitir el respeto por los otros/as, para comprender el respeto por la diversidad, para nutrirse de las diferencias, para enriquecerse por las distintas culturas que conviven en cada escuela.

Sigo pensando que la institución escolar fue creada con el fin de educar, transmitir conocimientos, para aprender a pensar, a reflexionar, a analizar. Pero fundamentalmente para aprender los códigos/normas de sociabilización en nuestra cultura.

Incorporar códigos/normas de convivencia, aprender a compartir y respetar a los demás es la tarea por hacer con los/as niños/as y adolescentes en la escuela.

Todos/as están expuestos a ser víctimas de actos violentos en la escuela: alumnos/as, docentes, directivos, preceptores, personal de portería, administración, personal de mantenimiento. Todos/as están en riesgo de sufrir un episodio de violencia dentro o fuera de la institución escolar. Estas tendrán distintas características: los docentes pueden recibir violencia física y psicológica, sintiéndose totalmente desprotegidos ante las agresiones de los alumnos. Son los más expuestos a la violencia de los niños/as y adolescentes porque son quienes más horas pasan con ellos/as.

Algunas sugerencias a raíz de la gran cantidad de casos de violencia escolar: prestar atención a los niños/as que permanecen callados, solos/as, aislados/as, esos/as niños/as que tienen pocos amigos/as. Niños/as que son excluidos por sus pares. Además, de observar y acercarse a niños/as violentos. Incorporar asambleas permanentes ante cualquier problema que surja en el aula, para que los alumnos/as aprendan a dialogar y discutir sus puntos de vista.

Incluir en la currícula escolar una asignatura que podrá dictarse desde el preescolar hasta el final de la escolaridad secundaria y que aborde temas como: discriminación, la importancia de la inclusión de las diferencias, el respeto al prójimo, el intercambio de ideas por medio de la palabra. Aprender a escuchar a otros es un entrenamiento. Se puede implementar sin altos costos para la educación, sólo es dedicar una o dos horas académicas semanales a la discusión y el intercambio entre el grupo de pares.

Enseñarles que el hablar permite entenderse, sin necesidad de actuar con el ejercicio de la violencia para producir efectos. Recuperar el espacio de discusión de ideas, el intercambio de las diferencias. El diálogo entre los más chicos será una manera de empezar a mejorar la comunicación sin violencia en la sociedad.

Estas son algunas ideas para comenzar a pensar en lo que sucede en la institución escolar.

 

*Psicóloga-U.B.A. andreajcarpaneto@gmail.com

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