Diciembre de 1965, bar y restaurante Pepito, San Martín y ruta 8. Talleristas de la Avan despidiendo el año. De izq. a der.: Oronat, Roncoroni, Federico Schlosser, Torres, Pedro López, Maciero, Zurita, Ramón Eduardo Gauto, Benedicto Antonito Ferretty. Atrás, parado a la izquierda, el mozo Carlos El Negro Ruiz Díaz.
*Sección declarada de interés municipal
Diciembre, un mes de balance, un tiempo para detenerse y revisar la agenda de los momentos vividos en un año lleno de alegrías, tristezas, desafíos y logros. Un año de vertiginoso andar, al cual los pilarenses nos estamos acostumbrando, alejándonos más, de aquellos años de un Pilar pueblerino.
Un Pilar, nuestro Pilar de entonces, que al igual que ahora, le decía chau al año viejo e iba preparando el camino para que recorriera el año nuevo. Un Pilar de “Despedidas de año” en aquellos lugares emblemáticos que teníamos para hacerlo; y que brillaron en aquellos diciembres de los años ’60.
Como por ejemplo, la legendaria hostería “Los Ranchos” para aquellos que les gustaba alejarse un poco del incipiente casco urbano y deleitarse festivamente con ambiente de campo.
También una suerte de restaurantes, cafeterías, bares como “El Aldeano”, “Pepito”, “Hotel Pilar”, “Tango Bar”, “Las tres M”, “La Gruta Azul”, oficiaron de escenografía ideal para que el acto celebrativo se realice con los manjares que ofrecían sus “chefs”.
Además confiterías como “Bariloche”, “Majestic”, “La Antigua La Alhambra”; para después surgir “La Calandria Renga”, “Acapulco”, “Los Toldos” y “El Milagro”. Fueron los lugares predilectos para el brindis corto, noble y amistoso de cientos de pilarenses que encontraron en su existir, la comodidad adecuada para compartir entre amigos ese momento.
Sumamos además nuestros clubes deportivos y sociales, como el “Atlético”, el “Sportivo”, el “Peñarol “el “Unión”, que gratamente ofrecían sus amplios salones para despedidas, como los mencionados anteriormente, de compañeros de fábrica, de deporte, de escuela, de bancos y municipales, de gremios y de toda razón social que permitiera el acto de brindar por una etapa finalizada y a la espera del devenir de un nuevo año para vivir.
Hoy, un Pilar pujante, de crecimiento demográfico superlativo, sigue ofreciendo estos lugarcitos emblemáticos, multiplicados por la necesidad de que existan, y que cada grupo de amigos, familiares y compañeros necesita, para elevar las copas desde la mesa, y así dar, entre el ruido gozoso del choque de sus cristales, las gracias por el año vivido y solicitar a la esperanza un año nuevo lleno de paz, trabajo y felicidad.
