Año 1980. Una instantánea obtenida en el Hospital Municipal Juan Cirilo Sanguinetti durante la despedida de la señora Helena Gerdanc, que estuvo a cargo de la administración desde 1962. Así mismo, prestó servicio en otras áreas. Se caracterizó por su minuciosidad en el cuidado de los enfermos, por lo que las autoridades de turno siempre elogiaron su labor. Añadiremos que en estos últimos tiempos (antes de partir para siempre), dedicó su mayor atención a Gelo, su esposo. Tal fue, a grandes rasgos, la responsabilidad de nuestra querida y recordada Helena. En la foto, de izq. a der.: Josefa Lugea, Irma Yañez, Ramona, Blanca Lugea, Elsa Della Ferrero, una no identificada, Helena Gerdanc, Marta Travella, Elba Zabala, Noemí Lugea, Alcira de Liberé y Bernarda.
Son en aquellos momentos difíciles de dolor, de incapacidad física o psíquica, donde por recomendación médica somos sacados de nuestro cotidiano andar por una enfermedad y aparece a nuestro lado realmente aquella vocación, profesión paramédica, que tiene una noble mezcla de trabajo y de humanidad en valores.
Por eso festejo desde mi lugar y agradezco la nobleza de aquellas enfermeras y de los enfermeros, que día a día, en hospitales, clínicas y nosocomios en general, apresurados recorren sus pasillos para llegar justo a la habitación o sector donde un paciente necesitado pide su ayuda.
Ayuda humana más allá de la orden dejada por el galeno, que recuesta al otro ser humano convaleciente, lo sienta, le ayuda a realizar todo lo necesario que su cuerpo enfermo no puede, haciéndose tan sólo “el otro”
Y ahí es donde justamente el sentimiento humano aflora más allá del propio ser, dejando egoísmos, donde el sueldo no tiene valor y nos hacemos “el otro”, sintiendo como él, necesitando como él y sobre todo aclamando asistencia, surge la enfermera o el enfermero, técnico asistente del médico de increíbles valores humanos, expuestos en cada instantes para que el paciente se sienta acompañado.
Decenas de enfermeras y enfermeros ha dado mi Pilar de siempre, de valores humanos, de asistencia permanente más allá de sus horarios y necesidades propias y familiares, transcendiendo el propio yo para sentirse el otro y así brindarle lo que el paciente necesita.
Nobles elegidos pilarenses que honro hoy desde mi página dominical, por haber sido o ser, enfermeras o enfermeros de alma, que predicando con el ejemplo se los ha visto a tranco rápido por nuestras calles, a todo horario, para socorrer al necesitado que clamó por su abnegada vocación paramédica.
Entre ellos y a modo de homenaje en este día, su día del almanaque, menciono a: Celia Ataide y su hermana Beatriz, María Cristina Milani, Irma Ochoa, Yolanda Paredes, María Ester Licalsi, Delia Ortega, Julia Filippi, Alicia Galarza, Felisa Parodi, Roberto Torres, David Vila y Daniel Fernández.
Sinceramente gracias querida gente de mi Pilar siempre dispuesta a brindar su incondicional ayuda a todos aquellos que hemos necesitado de su profesión pero sobre todo de su entrega de amor, solidaria y humanamente noble. Feliz día de la enfermera y del enfermero.
