En épocas actuales, a nadie sorprende que todos los años algún colegio desembarque en el distrito. Sin embargo, hace más de 60 años la llegada del hoy Instituto Verbo Divino provocó cierto recelo en la población, que miraba con algo de desconfianza a ese grupo de verbitas que vivían y estudiaban en un verdadero monstruo de cemento.
Puertas adentro, el colegio albergaba en un primer momento a seminaristas que fueron educados de manera integral, instruidos además en las artes, tal como lo demuestra la fotografía, correspondiente a la orquesta que funcionó en la institución a finales de la década de 1950 y principios de la del ‘60.
En el patio del colegio, los alumnos se aprestan a ejecutar sus instrumentos de viento y percusión en los momentos previos a un concierto. Sus vestimentas son las típicas de la época: pantalón corto, medias, rigurosos zapatos, camisa y corbata. A su lado, puede distinguirse que sus compañeros utilizan los delantales típicos de la época, más cercanos a una sotana que a los guardapolvos actuales.
Hace unos años, en vísperas del 60° aniversario de la institución, el profesor José “Mimo” Domenech –conocido docente y vecino, quien trabaja en el IVD desde hace 45 años-, recordó que en sus principios “el Verbo era misterioso. Desde afuera no se sabía lo que pasaba adentro del colegio, y la única conexión con la comunidad de Pilar era Nicolás, quien trabajaba en el colegio pero hablaba alemán, por eso existía una comunicación casi nula”.
Por otra parte, Domenech comentó que, una vez que se ingresaba al colegio la situación era muy distinta: “Aunque todos afuera querían conocer los misterios del colegio puertas adentro, una vez que el establecimiento se abrió hacia el exterior toda la comunidad se llevó una gran sorpresa, al saber que en realidad, el Verbo era un colegio como cualquier otro, es decir, que no guardaba ningún misterio”.
La banda siguió tocando, pero no mucho tiempo más. Los instrumentos fueron arrumbados en un altillo durante años, para ser descubiertos por alumnos asombrados que se aventuraban de incógnito en los rincones del edificio, y rescatados en ocasión del armado de un museo, a principios del siglo XXI.
Monumental
El 7 de enero de 1945, el Padre Provincial José Rieger bendijo la piedra fundamental del actual Colegio. En ese momento, el responsable inmediato por parte de la Congregación era el Hermano Mainrado, y dirigía la obra el constructor Carlos Fogeler, radicado en Rafael Calzada. Asimismo, a momentos de su fundación la institución se llamó Colegio Nuestra Señora del Pilar, tomando el nombre actual algunos años después, en 1969.
El primer grupo de estudiantes -19 en total, con los Padres Juan Hardebusch y Atilio Wagner- llegó a Pilar el 14 de septiembre de 1946 (Festividad de Exaltación de la Santa Cruz). El primer rector fue el Padre Bernardo Müller, y en 1958 el establecimiento fue incorporado a la Enseñanza Oficial.
Además, como dato de color puede destacarse que los hornos de ladrillos se hicieron sobre el propio terreno adquirido para la obra, y fue necesario fabricar 1.560.000 ladrillos (a $24 el mil, según archivos de época); mientras que para el ala central fueron necesarias 22 mil tejas. Sin dudas, una obra monumental para el Pilar de ese entonces.
