Mitos y leyendas de Pilar (Que las hay las hay): El chancho cadena

A mediados de la década del 50 una presencia mantuvo en vilo a todo el barrio Morelli. Los vecinos lo llamaban el chancho cadena, un extraño sujeto que robaba y amenazaba a las mujeres arrastrando cadenas con el rostro cubierto.
sábado, 26 de junio de 2010 · 00:00

 

por Celeste Lafourcade

 

Semilleros de historias mínimas, los barrios de Pilar son escenarios de mitos y anécdotas urbanas que se esconden en sus calles, esquinas y familias a la espera de ser rescatadas. Cada uno tiene su leyenda de cabecera y en muchos casos gran parte de su identidad está construida en base a ellas. Por fantástica y recordada, la del barrio Morelli es una de las más populares del distrito. 

Promediando la década de 1950, la tranquilidad de un barrio de calles de tierra, casas bajas y caras conocidas se vio amenazada. Y sin posibilidad de oponer resistencia, los vecinos del lugar cambiaron mates en la vereda por miedo y puertas sin llave por encierro obligado.

Su presencia, temible y sigilosa, se había adueñado de las calles y de las charlas al pasar. Nadie hablaba de otra cosa. El chancho cadena estaba ahí, en algún lugar, al acecho. Y la posibilidad de su aparición, por imprevista, no despertaba más que pavura.

Un hombre de aspecto temible –aunque las fuentes más calificadas aseguran que en realidad era más de uno- andrajoso, casi brutal, deambulaba por las calles con la cara cubierta (de ahí que también haya recibido el nombre de “chancho sin cabeza”) arrastrando gruesas cadenas a su paso.

Su prontuario policial indicará, luego, que el chancho cadena fue en realidad un ladrón de barrio con una notable inclinación por el robo a mujeres, a quienes asustaba sin piedad. Quizás se deba al nombre con el que fue bautizado, pero lo cierto es que en la recopilación de la historia hay quienes todavía ponen en duda su origen, asegurando que en realidad se trató de un animal o una extraña criatura. Es que el mito, en cambio, será mucho más generoso.

 

Chancho sin cabeza

A diferencia de otras leyendas, la del chancho cadena presenta un desenlace claro y coincidente que tiene a un viejo conocido vecino de Pilar como protagonista.

La historia llegó a nuestros oídos por boca de un funcionario municipal, transmisor de un relato contado por su padre. “Algunos decían que tenía una máscara, lo que sé es que andaba por las calles, corriendo a las mujeres, las asustaba con cadenas, hasta que un día alguien de una familia muy conocida del lugar lo agarró a trompadas y lo dejó en la puerta de la comisaría”, afirmó JG, para agregar que: “el hombre no era de acá y los que estuvieron ahí cuentan que con su castellano precario repetía ´yo te voy dar, chancho cadena´”.

Siguiendo los datos del mito, acudimos hasta el hijo del justiciero, un croata de entonces veintipico de años conocido por su fuerza descomunal. También funcionario municipal, del área de Obras Públicas, José Kastelic fue el encargado de reconstruir lo sucedido con el chancho cadena, una historia que conoció a través de su madre, testigo directo del episodio final.

“Algunos le decían el chancho sin cabeza porque andaba con algo que le tapaba la cara, eran dos en realidad y tenían asustado a todo el barrio”, comentó. “Un día iban mi abuela y mi mamá, con mi hermana de siete u ocho meses en brazos –hoy tiene 55 años- y aparecieron los dos, las asustaron y se querían llevar a la bebé, en eso apareció mi papá y les dio una paliza a los dos juntos y los terminó entregando a la policía”.

“Se la bancó con los dos, mi papá era un hombre con mucha fuerza, hasta llegó a pelear con un oso”, rememoró José Kastelic abriendo la puerta, sin proponérselo, de otro mito.

Sin esconder la suerte de orgullo que le provoca la valentía de su padre, Kastelic aseguró que a partir de la lección los chanchos sin cabeza no volvieron a molestar a nadie. Y el vecindario volvió a la normalidad. Jamás volvió a perturbar la presencia de los hombres de las cadenas que, paradójicamente y con la cabeza gacha, continuaron viviendo en el barrio hasta el día de su muerte.

Comentarios