Tribuna del lector: El Pilar que el gobierno no desea que conozcamos

por Gabriel Lagomarsino

17 de junio de 2010 - 00:00

  

Luego de meses de reclamar formalmente acceder al “Informe sobre la pobreza en Pilar”, y de escuchar al jefe comunal excusarse con un inaceptable “no es el momento”, el gobierno municipal organizó un simposio que dio en llamar “El Pilar que muchos no conocen”. Pero, a juzgar por lo dificultoso que resultó colocar a la pobreza en la agenda del alcalde, y lo insuficiente de los datos presentados en la mañana del viernes, hubiera sido más apropiado denominarlo “El Pilar que el gobierno no desea que conozcamos”.

Aunque allí se habló de unas 70 mil personas en situación de pobreza, las oradoras se refirieron porcentaje de hogares con necesidades básicas insatisfechas (NBI). Una de ellas, durante su exposición, comentó como un dato “revelador”: que “entre marzo de 2009 y mayo de este año la población del (barrio) San Alejo creció en 32 manzanas”.

Esa afirmación terminó por responderme lo que me preguntaba en esta misma columna hace dos semanas atrás: que para Humberto Zúccaro, no existe la pobreza en el Distrito, o en el mejor de los casos, como él mismo dijo, “Pilar no está tan mal como muchas veces pensamos” (El Diario Regional, 17/04/10).

Creo que ofende a los pobres —y a quienes no lo somos— referirse a ellos no ya como un número frío de personas, sino como un mero número de manzanas. ¡Qué lejos está el gobierno de llevar adelante acciones que reviertan la pobreza, si “mide” a los pobres por manzanas!

Permítanme aclarar algo: la pobreza en Pilar es alarmante, dolorosa… y muy superior a la que admite el gobierno. Aunque el distrito produce lo suficiente para ser habitado dignamente por una población siete veces mayor a la actual, hoy uno de cada 3,4 pilarenses es pobre; son 94 mil de 320 mil habitantes (ni 300, ni 350 mil, como dijo el gobierno). Ese inadmisible número de pilarenses pobres crece día a día, porque el irrefrenable aumento de precios de los alimentos que componen la canasta básica pega de lleno en los bolsillos de los más humildes, que tienen ingresos fijos: trabajos informales, no atados a ninguna negociación sindical, o que perciben algún plan social que tampoco se ajusta. Así, en pocos meses más, los 50 mil beneficiarios de la asignación universal por hijo de Pilar, verán disminuir a la mitad la capacidad adquisitiva de su ayuda.

 

Los más pobres son los jóvenes

De acuerdo a proyecciones censales, y a un estudio hecho en 2009 por IDeSA (Instituto para el Desarrollo Social Argentino), en la población hasta 18 años de edad la pobreza asciende al 41% (en Pilar, 56 mil niños y jóvenes de 136 mil); en la población entre 19 y 60 años, la incidencia de la pobreza es del 22% (35 mil adultos de 160 mil); y entre los mayores de 60 años, la pobreza llega al 12% (3 mil mayores de 25 mil).

Otro elemento inquietante es que más de diez mil jóvenes de entre 15 y 24 años no estudian ni trabajan (los tristemente llamados “generación ni-ni”). A ellos sólo los rescatará de la exclusión una intervención estatal sistemática, que avance hacia la promoción social y no hacia el asistencialismo clientelar; implementando políticas socio-productivas, fomentando la creación de empleo, la mejora en las condiciones laborales, la articulación de proyectos productivos en cadena de valor de la economía local, etc.

 

Hablar por hablar

“La pobreza, de la que muchos hablan porque les gusta hablar, se combate con el concepto claro de integración. Muchos se dan cuenta ahora de los dos Pilares que existen, pero desde el 2003 que nosotros estamos tratando de integrarlos”, sentenció molesto el jefe comunal. Sin embargo, según el especialista Rubén Katzman “el decaimiento de los espacios pluriclasistas de sociabilidad informal en las ciudades tiene efectos usualmente subestimados como factor de integración, como fuentes de renovación de las reservas de altruismo, solidaridad y de actitudes de aversión a la desigualdad”. ¿Qué puede decir Zúccaro con respecto al desarrollo de espacios pluriclasistas en el Distrito, cuando fue él quien desde su banca de concejal, o desde su sillón de intendente, el que permitió incontables excepciones al Código de Zonificación, impulsando también la venta de calles públicas? Por desconocimiento o por conveniencia, el alcalde ha convalidado la mayor parte de las decisiones que hicieron de Pilar lo que hoy es: un Municipio fragmentado social y espacialmente, con casi un tercio de su población pobre, con servicios públicos que apenas alcanzan, como el de cloacas, a menos de 2 de cada 10 habitantes. Salvo la saludable iniciativa de las escuelas municipales, los adolescentes pobres no tienen acceso a lugares ni a actividades en las que desarrollarse.

La gestión actual ha llevado a Pilar a estar en un vergonzoso lugar 129 (sobre 134 municipios) en el índice de desarrollo humano (IDH) de la Provincia de Buenos Aires, siendo el IDH uno de las tres maneras que se aceptan para medir la pobreza (las otras dos son el índice de NBI y la línea de pobreza basada en el ingreso).

De algo estoy seguro: ni el gobierno, ni nadie, resolverá por sí solo la situación de los pobres. Para ello se deben desarrollar soluciones coordinadas que permitan ir trabajando de manera progresiva sobre cada una de las caras de la pobreza. No hace falta —como se propuso el viernes— crear ninguna “Unidad de Gestión Local Descentralizada” (UGELD); en Pilar, la conformación de tales organismos suele terminar en la nada; basta recordar a la Agencia de Desarrollo Local, o al Consejo Permanente de Políticas Públicas Saludables, y tantas otras “unidades” y “consejos” que desaparecieron más rápido de lo que se tarda en pronunciar sus nombres.

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