Tribuna del lector: Todo tiene un por qué

por Víctor Ejgiel

22 de abril de 2010 - 00:00

Querido Juan Manuel Alonso. Tal vez sea un abuso utilizar este medio para comentarte desde dónde surge mi nota con respecto al Bicentenario. No sé cuantos años tendrás vos pero en mis 43 de edad me ha tocado vivir experiencias que ni siquiera mis dos hermanos varones han pasado. Mi contacto con el aula y la nueva juventud me revela posiciones que desde el ojo adulto tal vez suena incomprensible.

No soy de citar autores ya que lo que leo sinceramente no me interesa de dónde viene sino qué dice, y sin embargo soy de escuchar mucho, me gusta conocer lo que piensa el resto de la gente mas allá de cualquier ideología política que como bien vos decís, a veces desvirtúa conceptos para apropiárselos como bandera.

Sin embargo, cuando me refiero a patria, a defender la patria, a morir por la patria, parece que tomo conceptos que tal vez desconozcas por la edad, y entonces estarías comprendido dentro de aquellos a los que me referí en la nota.

En mi juventud me tocó servir a la patria, es decir, hacer el servicio militar obligatorio que allá por el año 1986, en plena democracia, todavía tenía resabios de aquella que para mi sí fue la gesta de Malvinas. Mi posición de observador en el año 1982, cursando mi secundaria, me permitió ver a un pueblo unido enfervorizado apoyando las acciones tomadas por aquel gobierno de facto.

Si bien podemos hoy endilgar culpas de mal manejo o situación política a aquella acción, no se puede negar que la amplia mayoría del pueblo apoyaba aquella actitud. Y quienes salieron a las plazas a mover sus banderas en aquel entonces jamás podrán decir que no sintieron el “ser nacional” porque si no pasarían a ser simples animalitos domesticados.

Tal vez deberías mantener alguna conversación con uno de los muchachos que salieron a defender ese pedazo de suelo, lejos, muy lejos, que hasta ese entonces muchos de nosotros ni habíamos estudiado en nuestras clases de geografía.

Hoy podrán enojarse al recordar condiciones, formas, pero jamás van a negar ese impulso que los llevó a plantarse frente a otro para reclamar lo suyo, lo nuestro, nuestro suelo, nuestra patria.

En mi servicio militar que realicé con orgullo en el edificio Libertador General San Martín, sede del Estado Mayor General del Ejército, tuve la oportunidad de conocer en persona a muchos de esos todavía jóvenes que no te imaginás con cuánto orgullo relataban cada día en las islas. En uno de esos días me crucé con el general Mohamed Alí Seineldín, del que había escuchado innumerables anécdotas del campo de batalla, sin saber quién era lo guié a destino donde personalmente vi a un “pecifa” (PErsonal CIvil de las Fuerzas Armadas), y ex combatiente cómo se le caían las lágrimas y lo saludaba como a un amigo mas allá de su rango, ya que juntos habían sido parte de esa gesta y lucharon palmo a palmo defendiendo al país.

Como decía antes, no leo el nombre de los autores, lo que me interesa es lo que dicen, tal vez porque muchos de esos autores no sean de este país, o no pueda interpretar ese sentimiento más allá de los usos políticos oportunistas.

Es lógico y verdadero reivindicar la propiedad indígena del lugar, mucho antes del gaucho, que es sólo un desmembramiento del colono español. Pero también es verdad que mucho de este territorio fue y es habitado por inmigrantes de muchos países, tengo abuelos polacos, franceses e italianos, pero sólo me siento argentino.

La historia también te va a marcar que en 1810 no queríamos independizarnos, la Primera Junta sólo pretendía ser fiel a su país de origen España, y eso también era nacionalismo.

Los grandes pensadores de la humanidad sólo sacan a la luz conceptos o verdades, las interpretaciones de sus dichos son propiedad de cada uno de nosotros. Albert Einstein fue el eximio físico descubridor de la teoría de la relatividad, pero también sus estudios llevaron a desarrollar la bomba atómica, el premio tal vez más importante entregado a la ciencia hoy en día, el Nobel, es en honor al inventor de la dinamita; para muchos de nosotros la Mona Lisa es sólo un retrato como cualquier otro, pero para algunos es la mejor obra de Leonardo Da Vinci.

Es muy bueno leer y también es bueno escuchar, la gente expresa sus emociones y consideraciones, mi opinión por supuesto, es fruto sólo de mi reflexión entre lo que incluyo en todo aquello que me rodeo, y está bueno que podamos disentir, porque eso significa libertad de expresión.

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