Pilarenses en el mundo: Matemática y algo más en la “Babel” de América

Soy licenciado en Computación, crecí en Pilar y desde 2004 vivo en Montreal donde llegué para perfeccionarme en mi carrera. La vida, el trabajo, la gente y la diversidad en la capital cultural de Canadá.
sábado, 17 de abril de 2010 · 00:00

Con mis hermanos (Franco y Yanina) haciendo esquí en el parque Mont-Royal.

 

En esta foto estoy yo (der.) en el parque Jean Drapeau con un amigo de Túnez.

 

 

por Gerardo Berbeglia

 

Durante el último año de la carrera de Licenciatura en Ciencias de la Computación en la UBA, con 23 años, me interesó hacer un doctorado en el exterior. Después de unos meses de búsqueda intensiva conseguí una beca de la Universidad de Montreal, Canadá.

La ciudad de Montreal tiene 3,5 millones de habitantes, está a unos 600 km. al norte de Nueva York y es considerada como la capital cultural de Canadá.

Es una ciudad cosmopolita, donde no es difícil escuchar en un mismo vagón de subte cuatro o más idiomas distintos. Cerca de dos tercios de su gente habla francés como primera lengua, lo siguen el inglés, el italiano, el árabe, el castellano y el griego.

Llegué a Montreal en julio de 2004 y con mucho esfuerzo, cuatro meses después, ya entendía casi todo en francés y me podía comunicar bastante bien. A pesar de ser una ciudad grande, la densidad de población es baja porque casi no existen edificios de  más de 3 pisos, el ritmo de vida en general es bastante tranquilo y es un lugar muy seguro.

En el invierno se puede hacer patinaje sobre hielo y esquí de fondo gratis en los parques, y alejándose un poco, se puede ir a hacer esquí alpino y volver en el día. En el verano se organizan muchos festivales, la gente usa la bicicleta y se juega mucho al tenis y al fútbol en los parques públicos.

Llama la atención la amplitud térmica que hay: en invierno la temperatura puede llegar a -30°C y en verano hay días de 30°C, pero con una humedad tan alta, que me hacen acordar a mis vacaciones en Brasil.

 

Mi vida allá

La tesis doctoral la hice en un centro de investigación dedicado a los aspectos cuantitativos del transporte que se llama CIRRELT. El trabajo se basó en estudiar algunos problemas denominados de “recolección y entrega”.

Dos aplicaciones importantes de este tipo de problemas son la planificación horaria y de recorridos de la flota de vehículos, que debe hacer una agencia de taxis o las empresas de servicios de correo rápido urbano como Fedex o UPS.

Es claro que dependiendo de cómo se distribuyan los pedidos en los vehículos, de cómo se armen los recorridos y a qué hora se realice cada operación, la distancia total recorrida por la flota y el tiempo que se demorará pueden variar mucho. En estos casos hay un gran interés por parte de las compañías de encontrar la manera, también llamada  la solución, que minimice el costo total de las operaciones.

Uno podría calcular fácilmente cuál sería el costo total si utiliza un determinado recorrido. Sin embargo, incluso para problemas con no más de 100 clientes, la cantidad de recorridos diferentes que se pueden hacer es más grande que la cantidad de átomos en el universo conocido. Es por esto que encontrar la mejor solución manualmente es una tarea imposible.

Gran parte de mi tesis se trató de modelar matemáticamente estos problemas y desarrollar procedimientos eficientes que sean capaces de resolverlos usando una computadora. Terminé el doctorado en noviembre del año pasado, y desde ese entonces trabajo en una compañía que hace software para empresas aéreas y de trenes.

Ahí me dedico a crear y evaluar modelos matemáticos capaces de predecir el comportamiento de los clientes con el objetivo de luego determinar cuál es el precio adecuado de los pasajes de avión y de tren según ciertas características como por ejemplo el horario, la temporada y la clase.

 

Para pensarla…

Desde que llegué a Montreal en el 2004  regresé todos los años a la Argentina en diciembre y en otras oportunidades me visitaron en diferentes viajes mis hermanos y mis padres. Mi próximo viaje es en junio, es un placer ir para allá, me pone feliz desde el momento en que compro cada pasaje.

Lo que más extraño es a mi familia, así que generalmente me quedo en Pilar durante toda mi estadía. En lo material, extraño mucho un buen helado. Todavía no sé si es que a uno siempre le va a gustar el helado que tomó de chico, o si los argentinos nos estamos perdiendo de hacer un enorme negocio en Canadá.

 

 

Un largo invierno 

Distancia: 9.000 kilómetros

Diferencia horaria: 1 hora menos.

Estás en el primer mundo… todos tienen acceso a una excelente educación, se valora mucho la investigación científica y es un país muy organizado.

En Argentina estábamos mejor con... los helados de Argentina no se comparan con los canadienses.

Lo que más cuesta adaptarse: al idioma y al invierno de 6 meses.

Lo que más se extraña: la familia y los amigos.

Comentarios