La izquierda organiza una nueva movilización contra el Gobierno de Javier Milei, bautizada por sus organizadores como "la marcha de la bronca". La convocatoria está fijada para el sábado 19 de septiembre, con concentración a las 15.30 en Congreso y posterior movilización hacia Plaza de Mayo, donde se realizará un acto de cierre con oradores.
La iniciativa fue explicada por Maximiliano Zuasnábar, dirigente pilarense del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) e integrante del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), en diálogo con el programa radial Agenda Propia. Allí sostuvo que el objetivo central del espacio es más ambicioso que una simple protesta puntual: "Nosotros vamos por la huelga general".
Según relató el referente del PTS, la organización territorial ya está en marcha desde distintos puntos del país. Como ejemplo mencionó el trabajo que vienen realizando en Pilar, donde ya llevan reunidos cuatro comités con más de 200 participantes en todo el territorio nacional. Se trata, explicó, de espacios pensados para sumar a personas sin trayectoria militante previa pero interesadas en manifestarse contra las medidas del Gobierno. Desde el distrito, los manifestantes se concentrarán al mediodía en la estación de trenes para trasladarse luego hacia la Ciudad de Buenos Aires.
Zuasnábar remarcó que la convocatoria cuenta con el respaldo de más de 300 organizaciones sociales, sindicales y políticas, además de la adhesión de actores y otras figuras públicas. Para el dirigente, se trata de una oportunidad para exhibir la capacidad de movilización que viene construyendo la izquierda: "¿Cuándo van a convocar una marcha grande? Bueno, lo estamos haciendo".
El origen de la marcha
El malestar social, según su lectura, tiene raíces económicas concretas: mencionó como ejemplo una búsqueda laboral en una parrilla que recibió cerca de 1.500 postulantes para cubrir apenas 15 puestos, y cuestionó además medidas oficiales que, a su entender, afectarían a las más de 400 fábricas recuperadas que funcionan en el país.
Consultado sobre si las movilizaciones tienen incidencia real en las decisiones de gobierno, fue categórico: "Está a la vista que toma nota", dijo, en referencia a una protesta reciente que, según su interpretación, habría llevado a modificar algunos aspectos de iniciativas oficiales.
De cara a 2027, el dirigente evitó adelantar definiciones sobre eventuales alianzas electorales y prefirió poner el foco en el presente: "Hoy tenemos otros problemas más urgentes que tiene la gente ahora", afirmó, al tiempo que relativizó que el crecimiento de figuras como Myriam Bregman responda a un fenómeno individual antes que colectivo.
La marcha del sábado funcionará, así, como un nuevo termómetro para medir si el descontento social identificado por la izquierda logra traducirse en una movilización masiva en las calles porteñas.