Opinión

La encrucijada del pueblo argentino: hundirse en la frustración o emerger fortalecido

por Tomás Pérez Bodria

16 de diciembre de 2023 - 20:45

Pasaron muy pocos días desde que Javier Milei asumió la Presidencia. Pero ese breve lapso sirvió para que una franja muy importante de la población tome nota de que, a juzgar por las medidas económicas adoptadas, la casta a la que apuntaba como candidato no era la política -que ahora integra masivamente el gobierno-, sino un conglomerado compuesto por el grueso de la población, sin distinguir entre quienes lo votaron y quiénes no.

La línea divisoria para determinar los que cargarían con el peso de esas medidas y los que se beneficiarían con ellas, quedó rápida y claramente establecida. Se benefician los grupos más concentrados de la economía ligados a la exportación y, por lo tanto, al mercado del dólar. La franja perjudicada es “el resto de la población”.

Probablemente el golpe más poderoso lo reciba la clase media, buena parte de la cual brindó su apoyo a quien ahora deviene en su verdugo. Al votarlo no lo imaginó como tal y, en no pocos casos, sólo lo votó por considerarlo el mal menor frente a la falsa opción representada por otro candidato del establishment, en opinión de algunos de sus miembros algo más presentable, como Sergio Massa.

Muchos fueron engañados porque Milei no está haciendo lo que decía que haría, aunque fuera para otros fuera obvio que haría eso y tanto más. En el fondo algo no muy diferente a lo que hubiera hecho el cipayo de Sergio Massa en materia económica, cuyo viceministro de Economía Gabriel Rubinstein acaba de avalar el plan de Milei y su histórica devaluación.

Estamos ante lo que constituyó una trampa electoral de graves consecuencias para el sistema democrático, toda vez que el pueblo sólo pudo votar pero no elegir, en el amplio sentido del término.

Conviene discernir sobre las herramientas con que cuenta esa amplia franja del pueblo llamada a padecer las consecuencias del plan de ajuste que el Gobierno acaba de poner en marcha. Del peronismo, que no se sabe ya qué representa ni dónde está, solamente un naif total podría esperar que opere como una valla de contención al plan de Milei. Menos aún de su cúpula. Durante los cuatro años de gobierno del FdT privilegió acoplarse acríticamente al rumbo de características neoliberales del mismo, abandonando a su base electoral.

Creo que Milei y la banda macrista que gobierna, apura raudamente las medidas del saqueo porque quiere aprovechar con urgencia el tiempo, sabiendo que la inhumana dureza y extensión de las mismas, lo acorta rápidamente.

La fiereza de esas medidas constitutivas de un claro latrocinio, tornan inevitable la reacción de amplios sectores de la población. Particularmente los de clase media que, como sabemos, suele ser la que termina tirando gobiernos cuando le vacían sus bolsillos. Aguantará lo que pueda, pero no será mucho. Mientras tanto retoman los saqueadores de siempre, de la mano nuevamente del calificado por el ex jefe de gabinete de Macri, Marcos Peña, “el Messi de las fianzas” -Luis “Toto cara de piedra” Caputo-. Y con el endeudamiento y la famosa bicicleta financiera -dólar alto pero estable con 2% de devaluación mensual- con ganancias para inversores financieros que trocarán sus dólares en pesos para retirarlos a tiempo y obtener así un 10 por ciento mensual en dólares de ganancia en cuanto decidan pasarse nuevamente a esa moneda y fugarlos.

Como el dólar paralelo, mientras se mantenga esta alianza de poder superestructural más o menos estable tampoco subirá, la clase media que ahorró en dólares tendrá que sacarlos para subsistir o mantener por un tiempo su nivel de vida. Los que no lo tengan y la clase baja, está liquidada de entrada, lista para ser devorada por el proceso inflacionario que el mismo gobierno alimenta para licuar los ingresos de la población y degradar el consumo.

Todo junto es un cóctel explosivo -piquete y cacerola la lucha es una sola, fue la expresión de una parecida ecuación bajo otras circunstancias en diciembre de 2001-. Y si se resquebraja esa alianza de poder antes de tiempo y el dólar paralelo y los dólares financieros se disparan el gobierno de Milei correrá la suerte del de De la Rúa. Pero si se afirma, sobrevendrá un largo período de postración para los argentinos y argentinas “de bien”, que no son los pocos a los que así refiere Milei.

Sin duda entonces la reacción del campo nacional y popular no sólo puede sino que debe producirse. Se trata del derecho natural de resistencia a la opresión, legitimado por el art. 36, párrafo cuarto de la Constitución Nacional.

El desafío consiste en propender a una organización inteligentemente diseñada para oponerse a las medidas implementadas por un gobierno que ostenta un garrote opresor para empobrecer al grueso del pueblo en beneficio de una ínfima minoría. Organización que debe darse inexorablemente una nueva dirigencia y conducción política.

Vimos ya que para ello no abundan los dirigentes mínimamente confiables. Sin embargo, habiendo sido convalidado electoralmente de modo aplastante como gobernador de la provincia y tras su discurso de reasunción, Axel Kicillof se muestra con posibilidades ciertas de erigirse en un nuevo referente, si se decide y se independiza de esa cúpula dirigencial de UP, los “mariscales de la derrota”.

No comparto la opinión de muchos compañeros de diferentes fuerzas del campo nacional y popular que plantean movilizarse el 19 y 20 de diciembre a Plaza de mayo, más allá del derecho constitucional y político que les asiste. Mi objeción es más bien de carácter táctico.

Bajo las actuales circunstancias, los compañeros y compañeras que inicien esa resistencia serán fácil carne de cañón y sujetos a una fuerte represión que no excluye la alternativa de algún muerto. Si así sucediera, en lugar de fortalecer la resistencia, la debilitará, toda vez que puede en adelante prevalecer el miedo, dada la absoluta deslegitimación de la conducción política y gremial y hasta de referencias ciertas para las bases populares. Eso es lo que busca el gobierno y lo que anuncia Bullrich con su grotesco protocolo.

A diferencia del 2015, en que la Provincia de Buenos Aires había quedado también en manos del macrismo y en cuyo territorio se produjo el primer acto de represión salvaje contra los trabajadores, hoy el campo nacional y popular pueden contar con el territorio de la provincia. Allí se deben agrupar y movilizar contra el plan de saqueo que enarbola el Gobierno. Desde la ciudad de La Plata, Ensenada, Avellaneda o, por qué no, desde nuestra ciudad de Pilar. Allí no tienen cabida las fuerzas represivas de Bullrich y su protocolo, por lo que ella verá frustrada su sed de sangre, al tiempo que se protegerá la integridad del pueblo al manifestar en defensa de sus derechos y condiciones de vida.

Y Axel se fortalecerá políticamente. En la medida que la resistencia gane volumen y las bases vayan divisando nuevas referencias, se podrá avanzar hacia una gran demostración de fuerza en CABA, que podría y debería constituir un golpe final para este gobierno encabezado por un extraviado y manejado por probados saqueadores del patrimonio nacional.

El pueblo argentino no permanecerá inerme mientras se consolida y profundiza la pobreza estructural y la dependencia. Su reacción debe resultar pacífica, inteligente y contundente.

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