Entre la crisis y la esperanza se cumplen 50 años de la Masacre de Fátima. El cincuenta aniversario nos encuentra en un momento complejo, producto de múltiples circunstancias: una ola neofascista de carácter internacional que conlleva la relegitimación del uso desbocado de la fuerza represiva estatal, la crisis de muchos de los acuerdos implícitos que dieron origen a la reconstrucción institucional a fines de 1983 y problemas y necesidades de nuevo tipo surgidos, sobre todo, a partir de la incorporación de nuevas generaciones al debate político.
En este contexto, el tecnofacismo busca naturalizar como normas el individualismo y la crueldad. En este escenario, construir memoria colectiva es también dar respuesta a este conjunto de transformaciones que nos interpelan; se trata de preservar una herramienta central para una sociedad justa. El golpe de 1976 no sólo fue represivo, sino que instauró un proyecto neoliberal que avanzó sobre la matriz productiva nacional, priorizando la especulación financiera y la mercantilización de la vida, en detrimento de la soberanía, nada diferente a lo que hoy vivimos, pero en democracia.
A medio siglo del inicio de la etapa más oscura de nuestra historia, desde la Comisión por la Memoria de la Masacre de Fátima reafirmamos nuestro compromiso inquebrantable con la Memoria, la Verdad y la Justicia y profundizamos nuestro deber con los Derechos Humanos. En un contexto en el que reaparecen discursos que relativizan el terrorismo de Estado, tenemos la responsabilidad de sostener una posición clara, basada en el conocimiento y la evidencia histórica.
Hoy nos toca asistir a situaciones límite para la educación, la salud, para la vida de nuestros abuelos, de las personas con discapacidad, y para el futuro de nuestros jóvenes y la de nuestra propia existencia. Las tensiones que generan los salarios bajos, las restricciones presupuestarias y las dificultades de todo tipo nos demandan como comunidad.
A 60 años de la Noche de los Bastones Largos en la dictadura de Onganía, que pretendía depurar la Universidad, hoy se sigue destruyendo la ciencia y la técnica, desfinanciando las universidades y toda la educación y privatizando organismos fundamentales para la soberanía del país. Por eso, pedimos que el Estado cese con estos procesos, que suceden desde que gobierna Javier Milei.
Necesitamos de las instituciones políticas y del acompañamiento de la sociedad, el ejercicio de memoria y el quiebre de los pactos de silencio. Por último, queremos resaltar que, así como nuestra patria, la Memoria es una construcción colectiva, un proyecto para todxs y con todxs.
En ese camino, algunos compañeros y compañeras nos acompañan hoy desde otro lugar. Queremos recordar a las madres Haydée, Aurora, Carmen; a nuestro compañero Coco y especialmente a quienes hace poco nos dejaron: Eduardo y Hugo. Imprescindibles y necesarios, caminan hoy junto a las treinta víctimas de Fátima, iluminando con su presencia la construcción de un mundo mejor para todxs, especialmente para los más rotos, débiles y desamparados, sin nadie afuera.
Junto a ellxs decimos: Milagros y Cristina, ¡inocentes y libres!
Y también decimos: 30 compañeros asesinados en Fátima, ¡presentes! Ahora y siempre.
Comisión por la Memoria de la Masacre de Fátima