Las semanas que restan para que termine el año podrían traer algún nuevo cambio en las segundas líneas del gabinete municipal. Y todas las miradas apuntan al área de Presupuesto Participativo.
El titular de esa dirección, Eduardo Bisognin, podría ser eyectado de su sillón donde, en su corto período de función, le tocó recoger muchas más críticas que elogios.
Bisognin fue designado en el área en agosto, por el también flamante subsecretario de Participación Ciudadana, Gabriel Lagomarsino.
Fue un cambio hecho con apuro, luego de que toda el área fuera descabezada por orden del intendente Nicolás Ducoté como castigo a funcionarios que respondían al Frente Renovador, que acababa de obturar en el Concejo una reforma al código de planeamiento urbano.
Desde entonces, con diferentes motivos, las quejas llovieron sobre la oficina. La baja participación en las votaciones -30 personas en Villa Rosa, no más de 40 en Zelaya- fue una de las más repetidas. El propio Lagomarsino admitió que en algunos casos faltó difusión. La responsabilidad de esa tarea es de Bisognin.
Las sospechas de discrecionalidad en la elección de los proyectos que llegan a votarse y de ciertos números abultados en los presupuestos, empeoraron el malhumor.
A eso se le suma la falta de avances en obras que fueron votadas el año pasado y que sufren demoras o, en algún caso, aún ni empezaron.
Las llegadas tarde del funcionario, que viaja cada día desde la Ciudad de Buenos Aires, y su trato poco cordial hacia sus subordinados sumaron para que la decisión de su desplazamiento parezca, a estas alturas, un final anunciado.
Con dinero para poner a disposición de los vecinos y tiempo de sobra para recorrer los barrios e instituciones llevando buenas noticias, la Dirección de Presupuesto Participativo parece el lugar ideal para cualquier aspirante a dirigente político. Por eso, desde el propio elenco del palacio comunal hay quienes definen la situación con sorna: "Están chocando la calesita”, dicen.