Si la verdad es a primera víctima en una guerra, en las campañas políticas lo es el espacio público. Y no solo por las pintadas y afiches. También el uso indebido de la vía pública y la violación de normas de convivencia social hacen que a veces las campañas propias parezcan, en realidad, armadas por un adversario.
El cartel que invita a los vecinos a conocer el lugar de votación pertenece a la agrupación oficialista Gladys Zúccaro. Está ubicado justo frente al local de la organización política en Pedro Lagrave y Rosas.
El cartel se convierte en un obstáculo insalvable, ya que ocupa íntegramente la vereda par de Lagrave, obligando a los peatones a desviarse por las sinuosas sendas del nuevo paseo.
Otro caso reciente tiene que ver directamente con la seguridad. Los militantes del molinismo, la línea interna del Frente para la Victoria que compite con la del intendente, desafían las leyes de tránsito y ponen en riesgo sus propias vidas. Una foto tomada por un lector muestra la camioneta que circula por la Panamericana con los muchachos de naranja yendo de una pintada a la siguiente con los pies colgando de la caja de la camioneta. El dato adicional es que el propio Molina es director de Seguridad Vial de la Provincia de Buenos Aires.
El caso de los militantes del macrista Nicolás Ducoté involucra tanto la seguridad como la ocupación del espacio público. El colectivo con la cara del candidato estacionó en la colectora, a metros del puente de la calle Champagnat.
En el lugar está prohibido estacionar. Pero además, por las características del lugar es un embudo de tránsito y de circulación a altas velocidades (sin que haya controles del Municipio), por lo que el colectivo tapando íntegramente una mano es una invitación al accidente.


