“No teníamos más nada que hacer ahí”

Adriana Galarza es una de las que decidió abandonar los terrenos de Lagomarsino. La aparición de un dueño convenció a 43 de las familias. Pero su problema habitacional sigue sin solución.

12 de febrero de 2011 - 00:00

Lo que comenzó como una revuelta multitudinaria (alrededor de 200 familias), en el predio de la localidad de Luis Lagomarsino pretendido por un grupo de vecinos ya queda menos de la mitad de la cantidad original.

Este viernes, de las 120 familias que permanecían acampando en el lugar se fueron 43, luego de una mediación con los dueños de los terrenos, quienes acreditaron su titularidad ante el Municipio. No obstante, a pesar de haberse ido, aún cuentan con los mismos problemas habitacionales que los llevaron a armar una carpa allí.

Adriana Galarza fue una de las cuatro delegadas de las familias que el viernes decidieron abandonar el predio de la localidad de Luis Lagomarsino, en el que acamparon durante trece días, luego de confirmar que las tierras tenían dueño y no se trataban de terrenos fiscales, como se había dicho en un principio. “Las 43 familias que nos retiramos pacíficamente del predio somos de Santa Teresa, Lagomarsino y la mayoría somos gente que alquila. Todos del Partido de Pilar, del mismo barrio”, comentó a El Diario.

Además, la mujer señaló los motivos por los que habían participado del intento de toma: “Con mi marido somos inquilinos hace once años. Tenemos siete hijos y alquilamos una pieza de 4x6 metros, con una cocinita que no está terminada y un bañito, con un patio de 3x2. La verdad es que necesitamos una vivienda más amplia”.

Por otra parte, aseguró que “fue la primera vez que participamos de algo así, pero la verdad es que ese domingo fuimos a tomar el predio porque se había metido gente de Escobar. Entonces queríamos asegurarnos que, si esas tierras eran cedidas, les correspondan a los vecinos del barrio”.

Galarza agregó que se decidió dejar la toma “porque este hombre tiene toda la documentación al día. Nuestra intención no era quitarle nada a nadie, si el dueño lo quería negociar o cederlo para lotear y vender era una cosa, pero no lo quiere vender y nos mostró los papeles, así que no teníamos más nada que hacer ahí”. Y añadió: “La verdad es que el señor fue muy amable, nos trató como personas que somos, comimos juntos unos pollos y después cada uno a su casita (sic)”.

No obstante, algunas familias tomaron la decisión de quedarse en el lugar. Sobre esto, la mujer indicó: “Nosotros estuvimos de acuerdo en retirarnos después de la mediación, pero con la gente que es de nuestro barrio la relación es igual desde el principio. Obviamente ellos tienen su manera de pensar y nosotros la nuestra, pero no hay problemas”.

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