Oficio mudo. En silencio, seguidores del gobierno mostraron carteles de apoyo.
El Concejo Deliberante fue escenario, anoche, de otro acalorado debate. Aunque esta vez, a diferencia de lo ocurrido en las últimas sesiones, no hubo insultos ni gritos que interrumpieran a los ediles.
Aunque tanto oficialistas como opositores llevaron cada uno a un puñado de seguidores para sentirse acompañados en el recinto, anoche los militantes se limitaron a aplaudir tras las intervenciones de los concejales de su preferencia y, en el caso de los oficialistas, a exhibir en silencio carteles de adhesión.
La intervención vecinal “de baja intensidad” sólo se hizo notoria ayer durante el debate de un expediente que, pese a lo esperable, abordó un ripioso aspecto técnico que por lo general estaría muy lejos de despertar pasiones populares.
El debate versó sobre un expediente presentado por el bloque Peronismo Federal en el que pretendía que la obra pública que se realiza en el distrito debiese ser obligatoriamente aprobada por el Concejo.
La iniciativa derivó en una discusión sobre la interpretación de la Ley Orgánica Municipal, más precisamente sobre su artículo 27 que, en su inciso 2º, señala que es facultad del Concejo reglamentar acerca de “trazado, apertura, rectificación, construcción y conservación de calles, caminos, puentes, túneles, plazas y paseos públicos y las delineaciones y niveles en las situaciones no comprendidas en la competencia provincial”.
Mientras para Trindade, esa norma obliga claramente al deliberativo a autorizar por ordenanza cada trabajo que se realiza en esas materias, para los oficialistas, sólo se faculta al HCD para realizar reglamentaciones generales, que bien pueden quedar expresadas en códigos, como los de zonificación o edificación.
Cruces
Desde sus bancas, el felipista Gustavo Trindade, autor del proyecto, y los zuccaristas Walter Roldán y Liliana Alfaya se arrojaron argumentos técnicos de diferente tenor.
Así, mientras Trindade reclamaba que el Concejo apruebe una vez por año un plan de obras general para el Municipio que, por otra parte, denunció inexistente, Roldán y Alfaya le enrostraban la insensatez de pretender inmiscuirse en facultades que reclamaban propias del Ejecutivo.
Como telón de fondo, una decena de militantes zuccaristas esgrimía cartulinas con leyendas en agradecimiento a las obras realizadas por el gobierno en Derqui. “Señor intendente, su voz es la que promete, su mano la que ejecuta y sus obras las que vemos y disfrutamos. Derqui lo acompaña y apoya, adelante”, rezaba el más elocuente.
Los trindadistas, por su parte, se limitaban a subrayar las palabras de su concejal con aplausos, casi sin alzar la voz y sin interferir con los del otro bando.
Esta vez, el presidente del Concejo, Marcelo Castillo, ni siquiera debió tocar el timbre una vez para llamar al orden. Mucho menos necesaria resultó la presencia policial, una alternativa con la que se especulaba desde el propio oficialismo luego que las barras hicieran imposible, hace poco más de una semana, el debate de la rendición de cuentas.
