Brigada aérea
La publicidad aérea con que el concejal y candidato opositor Gustavo Trindade sobrevoló las Fiestas Patronales no pasó inadvertida. Tampoco para el oficialismo.
El jueves último, militantes zuccaristas presentes en el recinto del Concejo Deliberante le devolvieron gentilezas al edil: en medio de la sesión, un pequeño avioncito de cartón voló hasta aterrizar en la mitad del salón, donde quedó a la vista de todos. En sus alas tenía carteles con los nombres de ex funcionarios zuccaristas actualmente en las filas del trindadismo: Horacio Catania, Osvaldo Pugliese, Raúl Conteras y Daniel Ondarza. Detrás, a escala, colgaba un cartel de arrastre como el que llevaba la avioneta publicitaria alquilada por Trindade. En él podía leerse “Traidores 2011”.
Tecnología
Los avances tecnológicos son cada vez más rápidos. Tanto, que pueden dejar pagando al más pintado. Es lo que le pasó en la última sesión al denarvaísta Diego Ranieli. Al exigir por anticipado que el gobierno garantice a todos los concejales la posibilidad de acceder al proyecto de presupuesto 2011, el concejal recomendó que para eso se distribuyan copias en “soporte magnético”. Sin quererlo, el edil estaba aludiendo a un implemento que hoy es casi prehistórico: los disquetes o zip, hoy reemplazados por soportes ópticos como los CD o DVD y los sólidos como las tarjetas de memoria.
Dialoguitos
Las barras del oficialismo volvieron a decir presente en la última sesión del Concejo Deliberante. Pero a diferencia de la anterior, esta vez sus gritos contra los opositores tuvieron respuestas de los propios aludidos, lo que generó algunos diálogos breves pero sabrosos.
Así, cada vez que Gustavo Trindade tomaba la palabra, alguien desde el fondo con voz socarrona aludía a su candidatura: “habla el intendente” o “Trindade 2011”, a lo que el edil respondió varias veces con un “gracias por la campaña” o con “todavía falta un poco”.
Más enojada se la vio a Marcela Campagnoli, de la Coalición Cívica, que cortó a sus hostigadores con un estentóreo “se puede callar, señor”, en un tono tan indignado que metió algo de miedo incluso en los aguerridos muchachos.
Pero el más simpático fue el dialoguito que un rubicundo militante Z armó con el denarvaísta Diego Ranieli. El muchacho, de gorra y físico contundente, le recomendó al siempre atildado opositor que se fuese a “arreglar el pelito”. Ni lerdo ni perezoso, Ranieli buscó con la vista al militante y le espetó: “después pasame la dirección de tu peluquero”.
