El misterio por el crimen de un ingeniero electrónico en un country de Pilar continúa y ahora los investigadores consideran que un pelo largo hallado en la ropa de la víctima, informaron fuentes judiciales.
El crimen del ingeniero de 71 años en el country La Delfina de Pilar sigue sin sospechosos. Un pelo largo puede transformarse en una clave. Analizan dos computadoras
El misterio por el crimen de un ingeniero electrónico en un country de Pilar continúa y ahora los investigadores consideran que un pelo largo hallado en la ropa de la víctima, informaron fuentes judiciales.
Se trata del asesinato de Roberto Eduardo Wolfenson Band, de 71 años, quien el viernes pasado fue encontrado muerto en el country La Delfina de la localidad bonaerense de Pilar.
Aunque en principio se supuso que había sufrido un infarto la autopsia determinó que la muerte había sido violenta y por ahorcamiento.
Lo que no se sabe a ciencia cierta es el móvil del crimen. ¿Robo? Solo faltaron de la finca el celular y un parlante y nada estaba revuelto.
La sospecha es que el autor del crimen ingresó a la vivienda con llave o con el permiso del ingeniero debido a que ningún acceso fue violentado.
Voceros judiciales y policiales ratificaron que "por ahora no se descarta ninguna hipótesis, incluso, la de un robo".
En tanto, el lunes pasado, en su primera visita a la casa del lote 397 del barrio La Delfina, donde tres días antes ocurrió el asesinato, el fiscal de Pilar a cargo de la causa, Germán Camafreita, no sólo se entrevistó por primera con la esposa de la víctima, sino que secuestró dos computadoras que ahora serán analizadas por expertos forenses informáticos.
A su vez, los voceros confirmaron que otro elemento que se mandó a analizar, aunque a otro tipo de laboratorio, es un cabello largo que por su extensión y morfología no pertenecía a la víctima y que fue hallado, según algunas fuentes, sobre el pantalón del ingeniero electrónico especialista en baterías de litio.
Además, ya confirmado por sus lesiones de defensa que Wolfenson luchó con su asesino mientras era golpeado y estrangulado, se enviaron también a laboratorios genéticos los hisopados subungueales realizados en las manos de la víctima, ante la posibilidad de que haya logrado arañar a su asesino y que debajo de sus uñas haya quedado el ADN del homicida.
Ayer, el fiscal recibió el protocolo de la autopsia firmado por la médica Silvina Aguirre del Cuerpo Médico Forense de Policía Científica de San Isidro, que confirmó que Wolfenson tuvo una muerte violenta y que murió por asfixia en una maniobra de estrangulamiento a lazo con un elemento muy fino que le dejó varias marcas en el cuello.
Las lesiones descriptas por la médica son varios surcos de ahorcadura delgados, como si hubiera habido "tira y afloje", y lesiones de defensa, que también son compatibles con que la víctima luchó e intentó aflojarse el lazo con el que lo estrangulaban.
Por ello, le encontraron en la palma y en las yemas y falanges de cuatro de los dedos de su mano izquierda algunas marcas y cortes lineales que indican que trató de quitarse ese cordel o hilo con el que le comprimieron el cuello.
Pero también se hallaron otras varias lesiones: un corte de 7 centímetros en la nuca que se investiga si fue producido con el lazo delgado que lo estranguló o con otro elemento y golpes en una ceja, la frente, un pómulo, la nariz y la boca, lo que le produjo un corte en la parte interna de una de las mejillas.
La data de muerte -siempre aproximada en materia forense y a la espera de estudios complementarios-, fue estimada en entre 18 y 24 horas previas a la autopsia que se hizo a las 13 del sábado 24 de este mes, lo que lleva el reloj a que el crimen fue entre las 13 y las 19 del mismo viernes 23 en el que fue hallado asesinado.
Pero como el hallazgo del cadáver fue a las 17, la franja horaria a investigar fue acotada por el fiscal entre las 13 y las 17 de ese viernes.
Wolfenson estaba vestido de la misma forma en la que lo describió la empleada doméstica cuando lo vio el jueves pasado, con una chomba anaranjada, pantalón tipo jogging azulado y con unas Crocs que estaban apoyadas sobre sus piernas.
Aún no hay un móvil ni un sospechoso claramente identificado y, por el momento, el fiscal tiene a todos bajo investigación: familiares, allegados y empleados.
