Un caso estremecedor

El cura Napoleón Sasso cumplió los 16 años de condena y ya está libre

Estuvo preso por abusar de cinco nenas mientras era cura párroco de La Lonja, entre 2001 y 2003. El hecho tomó repercusión nacional. Ya no es sacerdote y está casado.
martes, 11 de mayo de 2021 · 18:14

Por Alejandro Lafourcade
a.lafourcae@pilaradiario.com

Mario Napoleón Sasso Muñoz ya no es más cura, está casado y se desconoce su ubicación actual. Es que su domicilio ya no es una unidad carcelaria ni su habitación una celda fría: Sasso es un hombre libre, al haberse cumplido la condena que se le impuso en 2007 por abusar sexualmente de al menos cinco menores de entre 7 y 14 años.

El caso estalló a fines de 2003, aunque pudo haber salido a la luz mucho antes si no se hubiese desoído -o directamente ocultado- lo que ocurría con este cura sanjuanino que desde 2001 estaba destinado en La Lonja.

Tal como pudo confirmar El Diario en las últimas horas a través de fuentes judiciales y del sistema penitenciario, al exsacerdote se le dio “por agotada la pena de 17 años” de prisión impuesta en su momento por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°1 de San Isidro.

El incurable
Corría 1994 cuando Sasso, por ese entonces un cura que trabajaba para el Obispado de San Juan, fue “diagnosticado” como pedófilo. La resolución de la Iglesia de su provincia no fue llevarlo a la Justicia sino enviarlo a Domus Mariae, un hogar de reclusión que le brindaba tratamiento a sacerdotes de similar perfil o que sufrían otras “enfermedades psiquiátricas”.

El lugar quedaba en Tortuguitas, cerca de donde años más tarde el hombre adquiriría una triste repercusión. La recomendación por parte de quienes lo recibieron fue tajante: Sasso no debía estar en contacto con menores.

Su carrera no sufrió ningún sobresalto. Lo único que cambió fue la geografía: en 2001, Rafael Rey, por ese entonces Obispo de la Diócesis Zárate-Campana, lo designó al frente de la Capilla San Manuel, ubicada en La Lonja, lugar al que se acercaban familias y -por supuesto- niños y niñas de muy bajos recursos. Desde ese entonces, este hombre simpático y bonachón pasó a ser conocido por todos como el Padre Napo, único cura del templo.

El horror
La crisis de 2001 dejó en nuestro país una huella imborrable de pobreza. En ese marco, los años 2002 y 2003 fueron de emergencia total, por lo que la capilla San Manuel no fue la excepción en la intención de brindar asistencia. Allí funcionaba un comedor en el que voluntarios preparaban viandas para los vecinos más necesitados. Precisamente, muchas niñas llegaban al lugar para buscar contención y -claro está- comida: varias de ellas se convirtieron en víctimas del monstruo al que nadie parecía interesado en frenar.

Quien comenzó a sospechar fue una colaboradora laica, al encontrar en un penoso estado anímico a una nena de 12 años que frecuentaba la capilla. Era mediados de 2003 y allí entraron en escena el también cura Luis Guzmán (en ese entonces referente en Pilar de DD.HH.) y la psicóloga María Inés Olivella. Comenzaba a develarse la verdad.

El recorrido tuvo sus obstáculos debido a la incredulidad de otros fieles o autoridades eclesiásticas. Pero cada vez fue más difícil seguir ocultando lo que ocurría puertas adentro de San Manuel: eran cinco las niñas que afirmaban que el Padre Napoleón había realizado con ellas los hechos más aberrantes aprovechándose de su vulnerabilidad.

Escape y condena
A fines de 2003 la situación ya era insostenible, por lo que en noviembre los testimonios fueron presentados en el Juzgado de Menores N°5 de San Isidro. Al mismo tiempo, quien aportó pruebas desde Pilar fue el fiscal Enrique Ferrari, uno de los que se puso la causa al hombro. Días más tarde se lo acusó de “abuso sexual de menores agravado” y se pidió su detención.

Napoleón Sasso desapareció tras la acusación. Comenzó así una cadena de complicidades entre varios de sus conocidos para ayudarlo a escapar: incluso llegó hasta Paraguay, pero no pudo seguir solventando su permanencia allí más que unos días y volvió al país.

El cura fue detenido el 20 de enero de 2004 en el peaje del ramal Pilar de la Panamericana, cuando viajaba en un remís. Se había rapado y ya no tenía la barba que usaba desde hacía unos años. Napoleón Sasso, el “incurable” que no podía estar cerca de los niños, era al fin atrapado.

Fue alojado en el Penal de Olmos, aunque en un sector especial para protegerlo de posibles represalias. El juicio comenzó en octubre de 2007, y en noviembre se conoció el veredicto: culpable.

Para ese entonces, ya no era el Padre Napo: Sasso dejó los hábitos para casarse con Graciela Inés Miño. Nunca mostró arrepentimiento ni ensayó al menos una disculpa por lo sucedido.

No obstante, desde un primer momento el sistema fue con él por demás laxo: la Cámara de Casación redujo la pena a 16 años, por lo que la liberación que debió llegar en los primeros meses de este año se concretó en 2020.

Además, desde 2012 contaba con salidas transitorias, un total de 24 horas semanales en casa de su esposa. No se le impidió tener contacto con menores. Pero, de haber existido dicha norma, ya sería parte del pasado: Mario Napoleón Sasso ya no tiene que rendirle cuentas a nadie.

 

 

El dato
Las primeras denuncias contra Sasso tuvieron lugar en 1994, pero recién compareció ante la Justicia una década más tarde.

 

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