Tribuna del lector

Atentado a CFK: hasta dónde llega la conspiración política

viernes, 16 de septiembre de 2022 · 08:25

por Pablo Busch

El 1 de setiembre pasado, el editorial de Clarín suscripto por Pablo Vaca, hacía una referencia singular a “Cristina, entre la bala que no salió y el fallo que sí saldrá”, en alusión a la causa de Vialidad. Nadie se mosqueó durante diez días ante esta extraña metáfora que unía la eliminación política con la frustrada eliminación física de CFK. Además de anticipar una condena mucho antes de que deba expedirse el jurado, el editorialista daba crédito a la campaña kirchnerista de que se asiste a una “guerra judicial”, cuyo propósito sería perjudicar políticamente a la Vice en un año electoral e incluso, en último término proscribirla cuando se hayan agotado las instancias judiciales. El editorial hace propio, también, la especie de que el intento de magnicidio habría sido perpetrado por un par de marginales.

Pero a medida que avanzan las investigaciones la balanza se inclina hacia una conspiración política. La jueza Capuchetti estableció secreto de sumario, mientras analiza las informaciones extraídas del teléfono de Brenda Uliarte. Está confirmado que hubo como mínimo un intento de asesinato previo al día en que se instalaron las vallas frente al departamento de CFK. En escena entran ahora los vínculos de los llamados “copitos” con una vecina del edificio donde vive Cristina Kirchner, y los vínculos de esta abogada con el espacio de Comodoro Py. Estas novedades agrandan, aunque nadie lo haya señalado, la responsabilidad de la Federal, de Aníbal Fernández y de la Agencia de Inteligencia que necesitaron un atentado para anoticiarse de semejantes circunstancias. Se da la ironía de que en Juncal y Uruguay existía un edificio liberado.

Las pruebas demuestran el entrelazamiento de Sabag Montiel y su novia con una banda que se disfrazaba vendiendo copos azucarados, incluso en horas de la madrugada. “La banda de los copitos”, como la dieron en llamar los medios, tiene un jefe a cargo, vinculado al grupo “Revolución Federal”, partícipe en escraches a la Casa Rosada y con un discurso que podría emparentarse con el atentado. Uno de ellos, Gabriel Carrizo, publicó en su estado de Whatsapp: “El Gobierno es vulnerable, y espero que les quede claro… Nosotros somos los que mantenemos estos parásitos ahí arriba, van a juzgar a una persona que le estaría haciendo un gran favor a toda la Nación Argentina”. También amenazó indirectamente al presidente de la Nación, Alberto Fernández. “El próximo sos vos, Alberto”, escribió.

Aparentemente, la banda de vendedores de algodón de azúcar -en medio de movilizaciones sin niños- habría estado presente haciendo tareas de investigación previa durante varias jornadas al frente del departamento de CFK y, como se dijo, se reunía y filmaba con la vecina. A la luz de los acontecimientos, algunos hechos que sucedieron en la romería de Juncal toman otro significado. Días antes del atentado, un repartidor de Rappi insultó a Cristina K en medio de la guardia militante que rodeaba la casa y fue echado a empujones por los presentes. Los analistas señalan este hecho cómo un posible estudio preparatorio del atentado y la respuesta de la seguridad y de la militancia presente.

El día del atentado no estuvo al frente del operativo el jefe de la custodia de CFK, Diego Carbone, de máxima confianza de la Vicepresidenta. Sabag Montiel y Brenda Uliarte llegaron al lugar del hecho solo 15 minutos antes de que arribe CFK a su domicilio, como si hubieran tenido una información anticipada.

El punto de fuga principal de la investigación es el formateo -supuestamente involuntario- del celular de Sabag Montiel. Según los expertos, los programas para extraer información de un celular son “a prueba de tontos, de gente que lo puede manipular mal y destruir la información. Es casi imposible borrarla a menos que uno quiera hacerlo”. Pero es esto lo que ha ocurrido, sospechosamente. Quien haya borrado la información, según fuentes de la Policía Seguridad Aeroportuaria no está buscando proteger a Sabag Montiel ni a la banda de los copitos -expuestos ya, a más no poder- sino encubrir los vínculos hacia arriba. El “des-cuido” de la custodia federal de CFK no puede ser rotulado como ineficiencia, porque después de todo es el eslabón fundamental que permitió consumar el atentado.

Si la investigación descubre los hilos políticos y/o institucionales del atentado, estaríamos ante el caso de una tentativa de golpe de estado.

*Publicado en Política Obrera.

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