Opinión

De la pandemia a la Pascua, paz y armonía

Por Padre Sayu 
domingo, 12 de abril de 2020 · 08:02

 

Un virus desafía a todos. Es un agente infeccioso intracelular. Sólo puede detectarse a través de un microscopio electrónico. Los virus carecen de mecanismos propios para sobrevivir y multiplicarse. Necesitan de otros seres vivos (humanos, animales, etc.) como huésped, para su supervivencia.
El Covid-19 es la abreviación del Corona Virus Disease (enfermedad) 2019, es esta clase de virus. Es como un tigre feroz, pero muchos no saben la magnitud del peligro y lo toman como si fuese un gato.
Todo empezó a cambiar en pocas semanas. Muchos establishments humanos empiezan a caer como un castillo de naipes. El sistema sanitario colapsa, el sistema financiero muestra su fragilidad y los demás tiemblan. Muchos ricos pensaban que todo estaba asegurado. El presidente nacional de un banco multinacional, falleció hace poco por Covid-19. Su hija escribió en su cuenta de Twitter unas palabras sabias: “somos una familia millonaria, pero mi papá murió solo y sofocado, buscando algo tan simple como el aire. El dinero se quedó en casa”.
Las crónicas narran sobre las pestes, epidemias y pandemias. Esta última comienza en China. Se ha extendido a 190 países: del primer mundo al tercero; del primer mandatario hasta el peón.
En Lombardía (Italia) muchos están esperando la llegada de la ración diaria de comida. Ahora entienden qué es el hambre y qué es anhelar el sobrevivir. En España estaríamos muy cerca de experimentar esta situación.
Por medio de la Caritas Parroquial estamos dando alimentos. La Cruz Roja prepararía la comida, pronto. Ahora los mayores están más contagiados y muchos de ellos fallecidos. Pero ¿quién podrá decir que el contagio y la muerte no pasarán a los adultos y a los jóvenes?
Vemos el comienzo. Nadie sabe dónde, cuándo y cómo termina todo esto. 
Es profético: no es el fin del mundo.
Desde lo bíblico, hubo un diluvio (Génesis 8) y un incendio funesto (Génesis 19). Los sobrevivientes comenzaban un nuevo estilo de vida sabiendo que lo que más importa es la vida. 
Aquellos acontecimientos habían ocurrido cuando la humanidad aun con el conocimiento técnico o la ciencia se había olvidado su principio ético. En medio de este dilema comenzamos una Semana Santa atípica, sin las celebraciones.
Recordamos los últimos días de la vida de Jesús. Murió el Viernes Santo. Desde entonces hubo desolación e incertidumbre, como lo que estamos viviendo ahora. Pero el domingo sucedido la Resurrección inesperada.
Comenzará todo renovado. Este gris se cambiará por colores, en nuevas primaveras. Tenemos que ganar esta batalla. Todos somos soldados. Los supervivientes tienen que reorganizarse radicalmente para convivir en armonía con todo el mundo. Sabrán que la vida es lo primero: respetarán la vida de los mayores, enfermos y los niños por nacer. Reinarán nuevamente el Amor y la Paz. 
Jesús nos asegura: “No se turbe su corazón; crean en Dios, crean también en Mí” (Juan 14,1). Es la solución.
No perder la esperanza, a Dios rogando y con el mazo dando… 


 

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