Las dos décadas de vida de El Diariocoinciden con la etapa de mayor crecimiento demográfico, comercial y empresarial que haya registrado Pilar en toda su historia.
Las dos décadas de vida de El Diariocoinciden con la etapa de mayor crecimiento demográfico, comercial y empresarial que haya registrado Pilar en toda su historia.
Semejante cambio trajo también aparejada una crisis de identidad, una duda sobre cómo sería el resultado del desembarco masivo de personas, maquinaria y ladrillos. Ante este panorama, con el tiempo fue surgiendo una especie de refugio, una maniobra casi defensiva de los vecinos de siempre: el rescate de la identidad pilarense, muchas veces incluso ignorada por gente asentada aquí desde hace años o décadas.
Conocer de dónde uno viene es importante, como tan importante es saber dónde uno vive. Quiénes fueron los que nos precedieron, en qué lugares sucedieron hechos de importancia, historias trascendentes o incluso relatos que hayan forjado el imaginario popular transformándose en un mito son conocimientos que hay que adquirir si es que pretende sentirse parte de una sociedad.
La peluquería de Armando Mathías D´Auría ya funcionaba como un museo informal, incluyendo además su vasta colección fotográfica; además, Gustavo Urroz publicó el invaluable "Mi Pilar de los ‘60” y la Junta de Estudios Históricos hace un viaje en el tiempo cada dos años.
El Diario ha acompañado la iniciativa de echar más luz sobre cuestiones que hacen a la historia del Partido, expresándolo en modo de suplementos especiales: sucesivamente se han publicado –entre otros- tres recopilaciones fotográficas desde el siglo XIX hasta los primeros años de esta década, "Que las hay, las hay”, "A que no sabés…” (rarezas y curiosidades) y "El último caudillo”, biografía de Luis Lagomarsino. Sin dejar de mencionar, además, los dos volúmenes de "Mitos y leyendas de Pilar”, de Manuel Vázquez.
Con el tiempo se fueron sumando las redes sociales, y en este sentido es mucho lo que aporta "Pilar en el recuerdo”, perfil de Facebook que se convirtió rápidamente en un fenómeno masivo.
Hubo, como se ve, una avidez por rescatar al Pilar de ayer, quizás como una manera de preservarse ante los cambios, ante la multiplicación, ante el hecho de no poder volver a decir que al salir a la calle se conoce "a todo el mundo”.
Hace algunos años, Pedro Luis Barcia –presidente de la Academia Nacional de Educación- aseguró en una entrevista con este medio que "es necesario afirmar la identidad pilarense, en esta época en que la globalización está haciendo estragos, barriendo con los rasgos identitarios de cada cultura”. No obstante, el experto también se refirió a la necesidad de "educar” sobre Pilar a los nuevos vecinos de los countries, pero esta necesidad también se manifiesta en gran cantidad de vecinos que habitan barreras afuera.
El tiempo avanza y Pilar continúa creciendo. Fue comprensible que los habitantes del "Pilar pueblo” se vieran amenazados por esta vorágine, y que incluso se tomaran posturas a favor y en contra, como sucede en la dicotomía centro-corredor de Panamericana.
Es saludable toda iniciativa de recordar el pasado, sin que ello signifique quedar preso de una nostalgia que se termine convirtiendo en un lastre para lograr el desarrollo. Saber quiénes somos, quiénes fuimos, pero para decidir de una vez por todas quiénes queremos ser.
