La
transformación de Pilar comenzó a acelerarse a principios de la década del 90,
cuando se amplió la Panamericana, pero en los últimos años se ha revertido. Ya
no se viaja de Capital a Pilar en 35 minutos como escuchaba decir a mis
clientes. Muchos salían de la oficina y disfrutaban de la tranquilidad de
Pilar, había tiempo para leer un libro a la sombra de un árbol o en la pileta.
Hoy no quedó nada. No hay tiempo ni espacio para plantar un limonero. Pilar ha crecido
muy aceleradamente pero en el pueblo queda cada vez menos gente.
El
kilómetro 50 ha nacido como un gran negocio inmobiliario, grandes terrenos que
fueron comprados con inteligencia y una visión de futuro que liquidó
paulatinamente a la ciudad de Pilar.
Párrafo
aparte merece la gran cantidad de hectáreas de bañados que se han pavimentado
sin realizar estudios ambientales previos, como debería ser. Hoy el agua ya no
escurre más, ocasionando los problemas hidráulicos que tiene la ciudad.
Comercialmente,
uno de los errores más grandes que se cometieron fue permitir la llegada de Easy.
Es un hipermercado que abarca todos los rubros y cierra tarde, cerca de las 22,
mientras que el comerciante del pueblo mantuvo sus horarios y siguió cerrando a
las 19. Eso terminó con muchísimos negocios, arruinó al comercio de Pilar.
La
unión de comerciantes debería nuclear a los locales chicos del centro y
plantear medidas para nivelar la competencia contra los grandes supermercados
que llegaron desde afuera. Agruparlos para realizar compras comunitarias, que
se los pueda identificar como comercio comunitario por ejemplo –con un color
para cada rubro- y así trabajar con los barrios, que son los más necesitados.
Habría que asesorar a los comerciantes del centro, en lugar de acercarse
únicamente para inspeccionarlos.
No
obstante, parece que la sociedad de comerciantes se conforma con el polo
industrial del parque. Recogen dinero de ahí y no les preocupa el pueblo.
Yo
no vivo en un country. Soy nativo de Pilar y quiero a mi ciudad. He decidido
vivir en el pueblo, pero siento que se parece cada vez más a una ciudad
abandona. El que tiene una moneda se va. La mayoría de los jóvenes deciden irse
y se convirtió en una ciudad de gente grande. El éxodo hacia los barrios
privados es constante porque nadie se ocupa del centro.
Tenemos
el hábito de recorrer la ciudad después de cerrar el restaurante, ya de madrugada,
cuando las calles están vacías. Ahí se puede ver el deterioro que hay. Y,
lamentablemente, no le veo soluciones. Todos los arquitectos están preocupados
en hacer casas en barrios privados, en lugar de presentar ideas para mejorar la
calidad de los que se quedaron en el centro. Se han olvidado de Pilar, y yo no
quiero vivir en una ciudad fantasma.
Todos
decimos que la queremos, somos profesores y sabios al momento de referirnos a
nuestro lugar de origen, pero no se hace nada. Tenemos que empezar a
preocuparnos y hacer más por el futuro de nuestro querido pueblo de Pilar.