Los pilarenses y el arte de hacer filas

Por Redacción Pilar a Diario 20 de julio de 2016 - 00:00

por Marcos Zugasti

Lunes, arrancó la semana con algo más de movimiento a la pasividad habitual por el comienzo de las vacaciones de invierno. Además del frío, también toca volver a la rutina semanal y los compromisos engorrosos a resolver,  además de cuestiones laborales. La imagen se repite a lo largo y ancho del distrito: los pilarenses han hecho un arte de la costumbre de hacer fila y esperar.
Es parte del día a día en nuestra ciudad y resulta cada vez más difícil llegar a una ventanilla sin que haya una fila esperándonos. El fenómeno podría dar lugar a una nueva actividad lucrativa: personas que hagan fila por vos a cambio de una módica suma por hora de espera. De paso, ayudaría, quizá, a elevar la tasa de empleo golpeada los últimos meses.
Nadie está exento de hacer fila y esperar. Desde el uso de transporte público o privado, esperando que limpien las calles o tapen los cráteres en incontables calles, hasta en el supermercado (buscando precios acordes al presupuesto cada vez más reducido) o en la puesta en marcha de trámites burocráticos, la espera en filas es una constante en nuestro estilo de vida. Y el efecto se potencia de forma exponencial cuando la espera se trata de cuestiones básicas y de supervivencia.
De hecho, hace 30 años, el director del Centro de Fundamentos de Ingeniería en Sistemas del MIT, Richard Larson -considerado como el mayor experto del mundo en la lógica matemática de las filas- se interesó en la psicología del arte de la espera, en lo que investigadores reconocen como un "sistema social”. Según los investigadores del Instituto Tecnológico en Massachusetts, Estados Unidos, el miedo a la injusticia social -o el estrés generado por una espera- es el que más predomina cuando para todo hay que "hacer cola”. "Esperar es una forma de encarcelamiento. Uno está haciendo tiempo -¿pero por qué? Uno no está siendo castigado por una ofensa propia, sino, generalmente, por las ineficiencias de aquellos que imponen la espera. De ahí la particular rabia que la espera ocasiona, el sentido de la injusticia”, describe, en un ensayo publicado en la revista Time, el escritor norteamericano Lance Morrow.
Sucede que cuando hay alguien haciendo una fila, probablemente, es porque haya alguien que espera sentado. Que no estaría haciendo su trabajo del todo bien. Esa ineficiencia, a distintos niveles, de aquellos que imponen la espera, suele generar esa sensación de injusticia, aseguran "los expertos”. En Pilar, más que una sensación es una realidad bastante palpable. Total, a "la gente” le sobra el tiempo.
El cambio es un desafío de todos los días, de aprender a convivir, de cortesía social y de que funcionarios y/o empresarios se pongan alguna vez en el lugar del otro. 
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