Una sociedad en crisis cultural

Por Sonia Lembeye

29 de mayo de 2016 - 00:00
 
por Sonia Lembeye*


Las escuelas y las bibliotecas están insertas en una sociedad, una sociedad que está en crisis cultural. Hace años que venimos en decadencia, desde la década del ‘60, aproximadamente, y se padece en todos lados.
Por otra parte, veo que hay buena voluntad en algunas personas, pero en otras no: ha decrecido mucho la veta de la solidaridad, la austeridad, el trabajo gratuito, el descarte del tiempo personal que podría estar reservado a la familia, para ayudar a una institución.
Por vivir frente a la Biblioteca Bartolomé Mitre, los Lembeye hemos crecido allí, luego con el tiempo dividimos las actividades con el Club Atlético. La veta solidaria del trabajo voluntario, fue decreciendo en todas las instituciones. Cualquier dirigente de un club diría lo mismo.
Las bibliotecas a las que no les pasa esto, tienen apoyo del Estado o son casos aislados. Ha disminuido el sacrificio para los demás, eso es lo que veo. Por otro lado, también ayudan a esto las nuevas tecnologías: la gente no va tanto a la biblioteca porque en cualquier teléfono se obtiene información al instante de lo que uno está buscando. Hoy se googlea prácticamente todo, pero hay docentes que no permiten la impresión directa, porque de ese modo los chicos ni leen lo que imprimen.
En la actualidad, muy pocas bibliotecas tienen personal especializado, somos una excepción teniendo una bibliotecaria recibida de una universidad. Es una profesional, eso es algo muy difícil de encontrar, generalmente son voluntarios, a veces docentes. De esta manera, es muy difícil que se promueva la lectura como debe hacerse.
El gusto por la lectura tiene que nacer del seno de la familia. Si al chico lo dejan ver televisión hasta las 23, es hijo de esa televisión. Poca gente hace dormir a un chico con un libro en sus manos, o les cuenta un cuento antes de dormir. Hay que cultivar su gusto por la lectura, para que luego eso continúe cuando vaya a escuelas o bibliotecas.
Hay chicos que piensan que los libros son aburridos, pero evidentemente tuvieron malos maestros o malos promotores de la lectura. A lo largo de los años, hemos comprado bibliotecas completas para preadolescentes, adolescentes y jóvenes. Vienen chicos que por la edad sabemos qué libros ponerles en las manos.
Soy una convencida de que, de todos modos, a la larga las bibliotecas van a ser museos de libros. No hay que negar el futuro y la tecnología, al contrario, hay que estar preparado para esas nuevas costumbres, y la biblioteca que no lo entienda está sonada.
Por ejemplo, en la Biblioteca Mitre estamos este año en un plan de digitalización de material. Comenzamos con la historia de Pilar, con todos los documentos que tenemos, desde el siglo XIX. El objetivo va mucho más allá: queremos que la persona pueda consultarlo desde donde se encuentre.
Aún no hemos podido comprar todo lo necesario para hacerlo: las bibliotecas populares casi no tienen socios, porque son frecuentadas por los que más lo necesitan. Los que pagan la cuota, en general nunca van a las bibliotecas, lo hacen porque están convencidos de que hay que ayudar a los demás.

*Presidenta de la Biblioteca Popular “Bartolomé Mitre”.


 

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