Elegí hablar de este tema porque no me gustó nada que el precandidato Jorge D’Onofrio se burlara, no solo en los medios de Pilar, sino también en Canal 26, de la propuesta del precandidato Miguel Gamboa, para crear un hospital veterinario municipal.
Quiero recordar que en un municipio vecino mucho más humilde, como José C. Paz, existe y es gratuito para los vecinos de ese distrito, y con un bono económico, también atiende a los animales de otros municipios. Esta propuesta también fue presentada por nosotros en nuestros 10 puntos para Pilar. Pero vamos por más.
Seguramente desde Pilar no podemos evitar los sufrimientos que padecen los animales en los laboratorios, que no solo son ratas, como muchos creen, sino también conejos, monos y perros. O no podemos evitar que los cazadores les saquen la piel estando el animal vivo para que el tapado tenga mejor brillo. Pero sí podemos crear un refugio para que los perros (hasta ser adoptados) no anden en las calles hambrientos, rompiendo las bolsas de residuos que estén a su alcance, o sarnosos, contagiando enfermedades.
Podríamos prohibir la tracción a sangre, donde caballos mal alimentados o lastimados con excesivo peso arrastran pesados carros a veces llenos de personas que demuestran no tener otro recurso (préstamos a devolver mensualmente).
En pleno Siglo XXI carros tirados por caballos es un verdadero despropósito, y en estos días, dos accidentes con ellos han sucedido en Pilar. En uno de ellos, un hombre resultó gravemente herido y hospitalizado al ser el carro atropellado por un auto, donde carro, carrero y caballo volaron 5 metros. Y en otro, desgraciadamente falleció un nene de menos de 2 años al ser aplastado por un carro repleto de garrafas.
Podríamos velar para que se cumpla la Ley Nacional Nº14.346 sobre maltrato animal y que no se vuelva, como alguna vez en los fondos de San Alejo o Tortuguitas, a la riña de gallos, que hambrientos se comen uno a otro y se lastiman con púas que los “humanos” colocan en sus patas. O las carreras de galgos donde los pobres perros hambrientos corren a una liebre, la cual creen que es verdadera, y que al momento de la partida les introducen ají picante en el ano para que por la desesperación corran más. Después de cuatro años, cuando quedan quebrados y no6 sirven más para correr, se los dan a los que entrenan perros de seguridad, que los terminan de destrozar.
“Desconfía de aquellas personas que no aman a los animales”. Ellos no tienen voz ni sindicato que los defiendan. Dependen de nosotros. Tampoco votan ¿Será por eso que los políticos no hablan de ellos?
Nosotros sí. Construiremos un hospital veterinario municipal y un refugio, porque los animales no son nuestros enemigos, son nuestros compañeros de ruta.