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Películas piratas: un delito que todos admiten, pero pocos combaten

Proliferan los puestos de venta de copias truchas. Se venden en puestos callejeros y hasta en comercios establecidos. Internet, otra fuente. Un negocio millonario que afecta al cine.
3 de enero de 2013 - 00:00

por Alejandro Benedetti

 

 En la estación de trenes Presidente Derqui del ferrocarril San Martín, varios vendedores de películas truchas ofrecen los últimos estrenos. Uno, que no quiso identificarse, aseguró vender un promedio de 20 copias por día, a 10 pesos cada una. O se puede aprovechar la “oferta” de 3 por 25.

Sabe que su negocio es ilegal, “pero así paramos la olla, y hacemos una moneda para estas fiestas”. La mismo se ve en la ciudad de Pilar pero con una diferencia: están en algunos ciber-locutorios, y hasta se alquilan en algunas casas de videos.

En tanto, más privadamente, Internet es otra descarga ilegal. En la Argentina, el 68% de las películas que se ven son ilegales, cifra muy superior a la de Estados Unidos que es de un 35%. Y nuestro distrito no es muy ajeno a ese número ya que, según tres casas de alquiler de DVD’s de Pilar y de Presidente Derqui, las copias piratas oscilan entre el 55 y el 65%.

Por esto, Blockbuster, el ex gigante del alquiler y venta de películas, cerró en la Argentina casi la totalidad de sus bocas. En Pilar funcionaba, hasta hace tres años, en el playón de un hipermercado de ruta 8 y Guido. Tenía 72 locales entre Capital y el Gran Buenos Aires, y 15 en el resto del país. En 2009, ampliaron sus ventas con golosinas, helados prefabricados, snacks y en los últimos tiempos con radios, auriculares o playstation. Aun así, la competencia desleal empujó a su cierre.

Los cines tampoco escapan al avance de la piratería. Según un balance del sitio Otros Cines, elaborado con informes de empresas privadas, en la primera mitad de 2012 las ventas de entradas cayeron 8% en contra el mismo período de 2011. Las entradas de cine cuestan unos 40 pesos, y para una familia promedio de cuatro personas puede resultar todo un lujo. En consecuencia, hoy la amplia mayoría prefiere mirar películas en casa.

Además del valor de las entradas habrá que sumar alguna bebida para los dos chicos y el importado modismo del pochoclo. Eso redondea un gasto, de mínima, de 120 pesos.

 

 

Alquileres o Internet

Los alquileres de DVD son mucho más accesibles. Los precios se ubican desde 10 a 12 pesos. Pero aun así muchos prefieren las truchas. Entre otras cosas porque les permite quedarse con las copias casi por el mismo precio que alquilarlas. Lo paradójico es que en algunos videoclubes pueden encontrarse películas piratas.

En tanto, comprar una película original en hipermercados, que serían más económicas, implica desembolsar entre 30 y 40 pesos.

Por su parte, Santiago es un universitario de 27 años que vive en el barrio La Alborada, en Presidente Derqui. No va al cine ni alquila, pero es un cinéfilo. “No es cómodo ir al cine y, además, es más barato bajármelas de Internet”, dice.

Santiago es conciente de que incurre en un delito: “¿Vos conocés a alguien que fue preso por bajar una peli?”, pregunta con cierta displicencia no exenta de respuesta tácita. En los últimos diez años, la MPA, la UAV y la Asociación Argentina de Distribuidores Cinematográficos (AADC)  hacen campaña en contra de la piratería. Los organismos lograron reducir la venta ambulante de material trucho en 7 de 9 áreas del Gran Buenos Aires, cerrar sitios de Internet con descargas ilegales y cancelar páginas donde se subastaban copias piratas. Además, en 2012, hubo más de 3.500 allanamientos y se secuestraron 820.548 copias.

Pese a esos avances, en la Argentina las pérdidas económicas por películas truchas son de unos 700 millones de pesos.

La cifra equivale a varios presupuestos que anualmente percibe el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) para el Fondo de Fomento Cinematográfico.

Según la Unión Argentina de Videoeditores, el 90 por ciento de las copias de películas en video que circulan son piratas. Claro que no se trata solo de iniciar persecuciones que tal vez nunca terminarían, sino de adoptar otras medidas que, por un lado, modifiquen la perversa cultura pirata y, al mismo tiempo, hagan más competitivo al sector que está dentro de la ley. 

 

Sin IVA

En Uruguay, para enfrentar a la piratería las producciones musicales y cinematográficas se comercializan sin IVA. En la Argentina, más del 40 por ciento del precio final del alquiler o venta de DVD son impuestos. Eso evita que las películas legales compitan en precio con las ilegales. No estaría mal imitar a la República Oriental del Uruguay si se piensa que en la Argentina esa, otrora, gran industria está agonizando.

 

Impacto de la piratería

Los números de un negocio imparable

La piratería en nuestro país crece a niveles alarmantes. Hasta tal punto que a prácticamente nadie, ni siquiera a las autoridades públicas, les preocupa ver en concurridas esquinas, plazas o estaciones de trenes a vendedores de películas truchas.

Las consecuencias de este delito no son imaginadas por quienes las compran. Pero los datos de la Unión Argentina de Videoeditores son lapidarios:

• La ganancia anual de las organizaciones que comercializan videos ilegales ronda los 750 millones de pesos, que obviamente no pagan impuestos.

• Más de 60 millones de alquileres de videos legales al año fueron reemplazados por la venta de copias piratas.

• Más de 2.500 videoclubes cerraron solo en los últimos tres años.

• En ese mismo lapso, las editoras sufrieron una caída del 70 por ciento en las ventas a videoclubes.

• Más de 10 mil personas perdieron empleos directos por el cierre de los videoclubes. Basta citar, a modo de ejemplo, que la cadena Blockbuster Argentina cerró 57 locales.

• El impacto de la piratería en una de las películas argentinas más taquilleras de los últimos años, como “El secreto de sus ojos”, ganadora del Oscar, fue estimado en 400 mil espectadores menos y una venta de 120 mil DVD menos.

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