Simplemente, Clotilde y Abelino

Llevan sesenta años unidos en matrimonio y lo festejaron en el Club Unión. Una historia mínima que fue testigo del crecimiento de la localidad y deja cinco hijos, trece nietos y seis bisnietos.
viernes, 13 de julio de 2012 · 00:00

por Víctor Hugo Koprivsek

 

 

 

Ella tiene 86 y él 83. A principio de 2012 y en familia, celebraron sesenta años de vida compartida. Fue en el salón del Club Unión Del Viso, institución que el año que viene cumplirá 80 como espacio de encuentro en “La Ciudad de los Pájaros”.

“Él es un buen hombre, jamás un problema, nunca una mala palabra. A veces me pide algo y enseguida me dice, ‘perdoná que te mande’, dice Clotilde Santa Carrizo.

Se conocieron en un baile de campo, allá en Ñanduvay, Departamento de San Justo, provincia de Santa Fe. De allí a De Viso, sin escalas.

“Hace unos cuarenta años llegamos, era todo campo. Nos gusta este lugar, es tranquilo, acá criamos a nuestros hijos”. refieren.

Humberto, Jorge, Juan, Mercedes y Omar, frutos de esta historia de amor que trasciende vencedora de las fronteras de tiempo. Nietos, bisnietos, sobrinas, primos. El otoño de sus vidas llenó de voces el nido y al amparo del club del barrio, un nuevo festejo de aniversario los volvió a unir.

-¿Están conformes con todo lo vivido?

- Contentos, porque fue una vida feliz, tranquila-, dice el hombre mientras la muchachada se prepara para la foto. Es que todos quieren abrazarlos en un retrato que no deje a nadie afuera.

Sesenta años juntos. Sesenta años compartiendo sencilleces que de puro suceder fueron forjando una familia de respetos y cuidados.

Conociendo el deseo de muchas jóvenes parejas por permanecer juntos y viendo las dificultades del día a día para lograrlo, preguntamos a ella:

-¿Cuál es el secreto de seguir tanto tiempo unidos?

-Qué sé yo qué decirle –, sonríe con humildad,- todo dependerá en ser pacientes, llevarse bien, de modo que uno siga adelante. Yo a veces le pregunto a él: “¿Por qué nos llevamos tan bien?”, “Porque vos sos buena”, me dice – responde y sonríe la Doña.

Historias mínimas que le dan vida a la historia grande de los pueblos. Destellos y tesoros escondidos entre las esquinas con luna o sol, personajes de ayer y siempre, familia y trabajo, pertenencia y cariño. Amor que dura.

Juan Abelino Carlotto fue durante más de 20 años el sodero del pueblo, las gentes con raíces lo conocen, repasan su fisonomía y humildad, hombre de familia y esfuerzo, esencia misma de una ciudad que crece y se proyecta en sus hijos nuevos apiñados en la calle Independencia a la salida del colegio o de camino a sus casas por las veredas de la avenida principal, que tiene varios nombres por cierto, según el tramo, Madero, Constitución y Ruta 26.

Así, otro capítulo de aquello que se sabe y no es noticia, ocupa un lugar destacado en las páginas de hoy. Porque nada está perdido si el amor perdura, si dos que se encuentran se respetan y pueden edificar esa torre insondable y necesaria, ese punto de partida y de llegada: la familia.

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