Pizzería El Molino, mito o realidad

Bar emblemático de la localidad, está a punto de cumplir 40 años. Detrás de su mostrador, Ricardo Herrera vio pasar la historia del pueblo y su gente. “A mí me respetan como yo respeto a los demás”, define.
jueves, 31 de mayo de 2012 · 00:00

por Victor Hugo Koprivsek

 

Parte de las historias de los pueblos se escribe en sus bares, en las mesas de amigos que al amparo de la charla y la picada, tejen y destejen las anécdotas de lo que fue y será.

Y dentro de este tipo de espacios de encuentro, uno de los más legendarios en Presidente Derqui es, sin dudas, El Molino.

Una pizzería que pronto cumplirá 40 años guardados para siempre en la memoria de muchos de los habitantes que, entre tantas ciudades, eligieron este punto del planeta para echar raíces y vivir.

“El primer dueño de El Molino, fue Borsani, después lo tuvo Jorge Gil con el hermano hasta que compramos nosotros”, repasa Ricardo Abel Herrera (61), más conocido como Richard.

El hombre nació en Pilar y conoció Derqui a los 7 años cuando lo traían a jugar al fútbol al Club Unión local.

“Me traía el padre de Raúl Arotce, tenía una estación de servicio en el pueblo, y después de 50 años sigo jugando al fútbol”, continúa entre risas deschabando su gran pasión futbolera.

Richard, hace 37 años que lleva adelante con Luisa Carpegna y sus hijas, la tradicional pizzería ubicada frente a la estación de la ciudad, un punto clave por donde pasan miles de personas por día.

El vecino en cuestión reconoce que los hechos trascendentales de su vida los pasó en esta ciudad.

“En Derqui me casé, tuve a mis hijas (Verónica y Patito) y tengo El Molino”.

 

-¿Y… qué es El Molino?
-Es un mito que no se va a terminar nunca, hoy vienen los nietos de gente que estuvo cuando recién empezamos, quien no conoce El Molino no conoce Derqui-, sentencia.

En 35 años hubo momentos memorables y difíciles, como cuando se prendió fuego el local un 31 de diciembre del 2000. Único momento en que estuvo cerrado. Después de eso, siempre abierto las 24 horas los 365 días del año ¿Quién mejor que Richard para preguntarle cómo es la noche derquina?

“Y… los tiempos cambian, antes se podía convivir con la gente toda la noche y ningún problema, ese Derqui es el que se extraña”, confiesa.

 

-Pero El Molino sigue adelante, ¿cuál es el secreto?
-A mí me respetan como yo respeto a los demás, el secreto es usar mucho la psicología, saberse llevar con las personas.

 

Sobre las mesas del lugar pasaron grupos de amigos, desayunos donde chamuyar las noticias del día, tardes de cervecitas y fútbol, noches mágicas y tantas cosas más.

Su historia ya está guardada en el corazón de quienes vivieron los años dorados de un Derqui jubiloso, entrañable en la amistad. También sus vidrios guardan el reflejo de tantos niños de la calle que se tomaron un desayuno calentito en noches de frío.

Derqui es una ciudad de trabajadores, gentes forjadas con la dura rutina del esfuerzo, y la familia Herrera Carpegna, no es la excepción. Aunque en medio del trabajo y las responsabilidades la vida siempre tiene regalos que el corazón no olvida.

“Hace un tiempo lleve a mis dos nietos, Ezequiel y Tomás, a la cancha. Fue uno de los días más felices de mi vida, cuando llegué y empezaron a gritar ‘¡¡¡San Lorenzo, San Lorenzo!!!’”, se emociona y muestra una foto colgada en la pared.

Abuelo de ley, Richard es hincha fanático del “Ciclón”.
-El Papá de boquita-, dice contento.

“Tengo otro nieto de año y medio, Valentino, hijo de Patito, su papá Charo es hincha fanático de Boca y por una cuestión de códigos no le voy a romper la ilusión, como buenos padres que somos los de San Lorenzo, lo vamos a dejar tener un hijo bostero”, sonríe afable el querido vecino, feliz por el momento luminoso de su vida, lleno de nietos y heredad. Con dos hijas hermosas que siempre ayudan y trabajan codo a codo en la pizzería.

Completa la lista de afectos, una nieta más, la nena.

“La más mimada de la familia por ser la única nena, Azul, hija de Vero, 3 añitos“, dice mientras Felipe, empleado de siempre, le pasa una servilleta para que se seque las babas que se le caen de puro abuelo contento.

Sí amigos, hay lugares que no duermen, puntos clave al momento de pensar a Derqui. Y uno de esos está piloteado por dos grandes: Luisa Carpegna y Ricardo Herrera. Y se llama “El Molino”.

“Agradezco a todos los empleados que se ponen la camiseta del lugar, ya vamos para 40 años en nuestro querido Derqui. El negocio cada vez está mejor y somos muy agradecidos por lo que nos dio la vida“, dice al terminar la nota Ricardo Herrera, un hombre que llegó a Derqui para jugar al fútbol y terminó sembrando una familia y el respeto de muchos, que día a día saludan desde la parada de colectivos, o se toman un cortadito para arrancar la tarde, en alguna mesa del legendario galeón.

Derqui late en el corazón de la gente que lo quiere. Su historia escrita en las calles y los días, no morirá.

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