El barrendero que ahora tiene compañía en su trabajo
La indolencia se refleja ante los numerosos perros callejeros; muchos adoptados y luego abandonados por distintas razones. Presidente Derqui no es la excepción con los que deambulan en búsqueda de algún sustento. Pero la excepción esta vez la marcó un humilde trabajador. Leo es barrendero, y su salario sólo basta para mantener a su familia. Hace poco apareció por la calle Quintana, casi sobre Dorrego. Todas las mañanas limpia la base de los cordones con su largo escobillón, acumula la tierra y residuos, y luego los carga en su carretilla.
La rutina y la soledad eran su constante. Sin embargo, comenzó a sucederle algo raro: un perrito, -marca “perro”-, lo empezó a seguir. Muy desmejorado, recordaba al pobre Mendieta, el fiel perro del gaucho Inodoro Pereyra, aquella gran caricatura de Roberto Fontanarrosa.
Si Leo hacía unos diez metros, el animalito recorría lo mismo, aunque nunca se le acercaba. Sólo lo miraba desde lejos, y tampoco movía la cola en signo de búsqueda de afectos y, obviamente, comida. El trabajador nunca lo había visto, pero eso poco importó porque el sorpresivamente aparecido repetía esa rutina día a día. Pero últimamente había acortado la distancia; porque Leo nunca lo echó o, como muchos, le arrojó una piedra. Por el contrario, la semana pasada atinó a llamarlo con un cálido gesto y el perseverante perrito logró su objetivo porque le movió la cola, caminó agachado levemente en sumisa actitud, y se puso al alcance de su mano.
La relación entre ambos se inició con un pedazo de pan que Leo le dio y que él deglutió casi sin morder. La vecina Ángela vio el episodio. Es que la mujer, cuando limpiaba la vereda de su casa, coincidía con el paso del barrendero. “¿Es suyo el perrito?”, preguntó ella luego de registrar el simple hecho. “No, no es mío, está re-muerto de hambre y yo algo le tiro para que coma”, respondió Leo.
Así transcurrieron los días, aunque ahora el animalito ya caminaba a la par suya. Finalmente, la semana pasada, Ángela notó algunos cambios porque el “Seguidor como perro de sulky” ya no estaba tan flaco, lucía un collar con un moño rojo, y tenía una vivaz mirada. “¿Ahora lo sigue de cerca?”, preguntó ella, y Leo fue concreto: “La verdad es que me lo llevé para casa, le doy de comer y todos los días nos venimos a trabajar, es muy fiel y le puse de nombre Lassie”.
Entonces la mujer tomó su cámara fotográfica y lo invitó a Leo a posar con su nueva mascota. El sencillo trabajador aceptó y Lassie se le puso al lado, casi como si él también posara. Los perros callejeros tienen un incierto y oscuro destino. Pero según el genial Charles Darwin: “No sobrevive la especie más linda, sólo sobrevive la que mejor se adapta al medio”. Y Lassie es todo un ejemplo del creador del Origen y Evolución de las Especies.