Hombres de negro, todos para uno

Dos ex árbitros colaboran con la formación de Rodrigo Sabini, un referí que se ha consolidado en la Primera C y D, y que está haciendo sus primeros pasos en la máxima categoría. Los une la misma pasión.
miércoles, 23 de mayo de 2012 · 00:00

El Diario reunió a tres árbitros para recordar anécdotas y testimonios de una profesión que además de ser sacrificada, les genera pasión y alegría. Los une una amistad muy grande vinculada con el arbitraje.

El más experimentado de los tres es Félix Chávez, ex árbitro internacional que llegó a oficiar como asistente de los más reconocidos referís de Primera División. Junto a Guillermo Vargas, ex jugador de fútbol y árbitro, acompañan al más joven de los tres, asistiéndolo desde fuera de la cancha. Es Rodrigo Sabini, un joven villarrosense que actualmente se ha consolidado como árbitro en la Primera C y D y que está haciendo sus primeros pasos en el Nacional B y en la categoría mayor del fútbol argentino.

Rodrigo Sabini acaba de pasar los 30 años de edad. Luego de haber pasado por distintos clubes, de haber integrado el equipo de fútbol de la Escuela Municipal “Luis Lagomarsino” que ganó la final de los Juegos Bonaerenses de 1997 y que viajó a Europa, fue tentado por su tío, el ex árbitro Félix Chávez, para iniciarse en la carrera del arbitraje: “Siempre lo seguía a él y cuando tuve la edad suficiente, lo planteé con él y me comenzó a guiar”, contó el joven sobre los inicios en la profesión que actualmente se ha convertido en su pasión.

 

La voz de la experiencia

“Nosotros ya no vamos a que nos insulten”, bromeó Félix Chávez. Junto con Guillermo Vargas, conforman un equipo que supervisa desde la tribuna la labor de Sabini. “Él aceptó que hagamos de veedores suyos, para indicarle los fallos y así colaborar en su formación”, contó Chávez a El Diario. “En un principio yo sufría cuando desde afuera veía que lo insultaban, pero comencé a controlarme”, señaló el ex árbitro. Fue él quien se refirió a las distintas divisionales por las que pasó y sus públicos: “El aficionado es fanático en B y en Primera A, lo que cambia son los partidos, los intereses en juego. Hay otra motivación y otro dinero en danza”, contó.

Es el condimento de la utilización de las cámaras de televisión no sólo utilizadas para la transmisión, sino también para juzgar las acciones de los árbitros, lo que los condiciona: “Hay cámaras en todos lados. Está bueno para el árbitro para corregir errores, pero así también te destroza. Porque tenés una fracción de segundos y si te equivocás, fuiste”, contó Chávez sobre participar en las divisiones más vistosas, donde su sobrino está haciendo sus primeras cartas, hasta ahora, como suplente: “El cambio lo sufrís muchísimo”.

Es que el hombre comenzó dirigiendo en la Primera D en 1995, luego participó tan solo un encuentro en la B Nacional y de ahí llegó a dirigir en Primera A, debutando con un Vélez-Platense. Allí permaneció 5 años dirigiendo entre varios árbitros internacionales, entre los que se destacan Javier Castrilli, a quien acompañó durante varios años, también compartió terna con Aníbal Hay, Roberto Ruscio y Horacio Elizondo, pero nunca con Francisco Lamolina.

“En aquel momento te etiquetaban. O estabas con Castrilli y su rigurosidad de cobrar todo, o te ponías junto a Lamolina y el ‘siga, siga’”, mencionó Chávez sobre las dos “escuelas” de arbitraje que durante los 90 predominaron y que dividió a los árbitros en dos bandos. “Un día hablo con Lamolina, diciéndole que nunca pude acompañarlo, y directamente me dijo que no podía porque yo era de los de Castrilli”, sentenció.

 

Fuera de juego

Además de su tío Félix Chávez, Rodrigo Sabini tuvo el acompañamiento de un árbitro que lo formó, el internacional Ángel Sánchez. “Fue mi profesor”, mencionó el joven. Pero como le ocurrió a su tío, otro árbitro de renombre le daría la espalda: “Elizondo me frenó, si no estaría más arriba”, sentencio Rodrigo Savini.

Su frase remite a sus años de formación. “La AFA llamó a árbitros jóvenes. En total éramos 180 de todo el país. Quedamos 40, pero Elizondo, con el dedo y sin interiorizarse de cada uno de nosotros, eligió quienes quedarían marginados. Cuando se fue en el 2010, resucitamos los borrados. Vino Lamolina y hubo instructores a quienes les gustó cómo arbitraba. Y acá estoy”, relató Savini.

En su corta trayectoria a comparación de su tío, y en el largo recorrido que le espera, Savini recuerda una anécdota que lo destacó en los medios nacionales y lo nutrió como profesional del arbitraje. Se trató de un partido disputado en los primeros meses de 2011. Se enfrentaban el primero de la D, Centro Español, contra el segundo, Argentino de Quilmes. “El árbitro debe informarse todo el tiempo. Eso hago yo durante los días previos”, contó el colegiado. “Sabía que había dos jugadores contrarios que se habían peleado antes, y que había pica”, mencionó y continuó su relato: “A los 24 minutos del primer tiempo van a disputar una pelota, ahí busqué una mejor posición, de costado a la jugada, para verla bien. Uno de ellos le metió un codazo en la cara al otro. Le saqué la roja y se armó la gresca”, contó. Finalmente, fueron expulsados 6 jugadores y el diario Crónica destacó la labor del joven en uno de sus titulares: “El árbitro que expulsó a 6 jugadores y no se equivocó”.

“En el arbitraje tenés todo para perder y nada para ganar”, coincidieron.

 

Gajes del oficio

La formación del árbitro profesional no solo consta del entrenamiento físico, sino que también contempla el de la mente. Así, estas figuras poco queridas por las hinchadas, pueden concentrarse en el campo de juego, sin atender a los insultos que llueven desde todos los rincones de los estadios.

“Escuchaba que lo insultaban a Rodrigo y me ponía mal, pero con el tiempo lo supe controlar”, dijo el hombre sobre su tarea actual.

 

Lo que viene

“Ahora se vienen los partidos más difíciles”, señaló Sabini. Comienza el reducido de la Primera D para buscar un lugar en la siguiente categoría y “seguramente van a designarme para la semi o la final”, comentó el joven. Antes que eso pase, arbitrará esta tarde el encuentro entre San Martín de Burzaco y Deportivo Riestra.

 

Con la marca del Sheriff 

El ex árbitro Félix Chávez alimentó su carrera acompañado por otros colegiados de lujo. A quien recuerda con admiración es a Javier Castrilli, dueño de un estilo propio que dejó una marca en el fútbol argentino: “Éramos compañeros de trabajo, los dos ferroviarios en Retiro. Él estaba en la venta de boletos y yo en la parte contable. Nos juntábamos a comer asado, pero él siempre venía con la condición de no hablar de fútbol”.

Es que años atrás, la escuela de árbitros establecía la obligatoriedad de poseer otro empleo, junto con el de árbitro.

 

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