ver más

Tribuna del lector: Es bueno debatir

20 de mayo de 2012 - 00:00

  

por Liliana Alfaya*

 

Querer conservar algo, aunque inapropiado, con el sólo argumento de no cambiar, de “prohibir” su cambio en el futuro, no hace a una persona conservadora, sólo la convierte en necia.

Es el Concejo Deliberante el lugar apropiado para debatir toda iniciativa social hecha por mayorías o minorías, por personas o grupos. Es el lugar del debate de IDEAS, de proyectos, de propuestas sin preconceptos anacrónicos como anticuados.

No hay para mí como concejal, ni para nuestro bloque del Frente Justicialista para , temas intratables, intocables, NO HAY temas: ni prohibidos, ni inmodificables, porque justamente de eso se trata la libertad, la política, de poder elegir, de poder cambiar, de opinar y decidir dentro de la convivencia democrática.

Un proyecto de país dependiente agro pastoril, creado por una oligarquía servil, donde estaban excluidos millones de argentinos, impuso un modelo de país a su medida y por la fuerza, un modelo económico y social y hasta un patético y mañero relato de la historia argentina donde impusieron una visión canónica de Roca, Mitre, Uriburu, Anchorena, Alvear, Aramburu, Lanusse, etc., etc.; como próceres.

Este modelo que impusieron durante más de cien años los intereses de una minoría parasitaria y servil a los intereses extranjeros y especialmente de la corona británica como lo fue Bernardino Rivadavia, sólo mencionar el Empréstito Baring Brothers de 1.000.000 de libras esterlinas, para obras que NUNCA se hicieron en el Puerto de Buenos Aires y por el cual se hipotecaron cientos de miles de hectáreas de como garantía a la banca y al estado inglés.

Incluso Rivadavia dictó el decreto por el cual se creó del Enfiteusis, como garantía de tierras del Estado al mismo empréstito Rivadavia-Baring. Ese dinero fue dado en préstamo a un puñado de familias integrantes de minorías privilegiadas a menos interés que el que tuvo que pagar el Estado y todos los argentinos durante más de 80 años que llevó cancelar este empréstito inglés.

La “historia oficial” contada por ellos mismos, cargó con su simbología y su estética, sus cuadros, su música, con su cultura colonial, adoradores de Fernando VII y cónsules imperiales, impuso una cultura dominante y elitista que trataba de bárbara o salvaje cualquier muestra de cultura nacional, americana, india o mestiza.

Con la llegada al poder (únicamente a través de elecciones democráticas) las mayorías populares comienzan con los triunfos, primero de Yrigoyen y luego con Perón y Evita,  el irreversible protagonismo del pueblo argentino, la reivindicación de nuestra cultura, de nuestros héroes olvidados e invisibilizados por décadas y la defensa de los intereses nacionales.

Hoy, de la mano de un proyecto nacional de trabajo, producción, distribución de la riqueza e inclusión social, aparece con más fuerza que nunca una voluntad de revisar y discutir la “historia contada por las minorías” de nuestro país, incluso de toda su simbología, de sus imágenes idolatradas que quisieron mostrar como inapelables o inmodificables.

Incluso hoy, viejos y nuevos representantes de esa Argentina del pasado, de espaldas a Latinoamérica, con  su mirada colonizada, de un cipayismo básico, siempre dispuestos a ver cómo pueden colaborar con los intereses británicos en Argentina reaparecen “intelectuales” como Beatriz Sarlo o Pepe Eliaschev reivindicando a los kelpers por ejemplo.

La lucha por la justicia, por la libertad, por la soberanía y por la independencia de un pueblo es también una gigante  batalla cultural, no el cambio de una calle. De recuperación de nuestra verdadera historia, de nuestros héroes, de nuestros mártires, de nuestros líderes populares, Perón, Evita, Scalabrini Ortiz, Jauretche, Ramón Carrillo, el Gaucho Rivero, Facundo Quiroga, Felipe Vallese, Rodolfo Walsh y Néstor Kirchner.

Son nombres de ciudades, de plazas, de avenidas, de calles, de museos, de escuelas, todos impregnados de los vencedores del primer centenario.

Nuestros nombres están en la memoria y deben de estar también en nuestras calles, en nuestras avenidas, en nuestros colegios en sus nombres, como los programas de estudio. Ese es el desafío, el debate debe seguir abierto.

En el país, un pueblo, una ciudad y un Partido como el nuestro de Pilar, nos debemos muchos debates y es el recinto del Concejo Deliberante un lugar apropiado y útil para hacerlo, sin ataduras, ni censuras.

Es la sociedad civil que construye el debate de ideas, son las ideologías, las pertenencias políticas o sociales que enriquecen y permiten concretar las ideas en cambios y trasformaciones. Como lo señaló contundentemente en el día de ayer el periodista Diego Schejtman. Ese es el aporte a que nos comprometemos los ciudadanos electos, para abrir discusiones y no para cerrarlas en el HCD de Pilar.

 

*Presidenta del bloque de concejales del Frente para

 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar