Militante de la vida

Eduardo David Ramírez (46), nacido en una casita de adobe con techo de paja que estaba en la entrada vieja de Del Viso. Los años de la dictadura y la primavera de la democracia.
viernes, 30 de noviembre de 2012 · 00:00

por Victor Koprivsek

 

Según dice la leyenda, su padre Eudoro Ramírez, hombre de campo y casero de una quinta de la zona, fue quien puso la botella tan famosa que sirvió luego de punto de referencia y parada de colectivo para quienes llegaban a Del Viso.

“Aclaro que yo no había nacido, mi padre, de condición muy humilde, era casero de la quinta de la botella y también fue el primer empleado de Arlistán, de donde se jubiló como supervisor”, dice David al comienzo de la charla.

De perfil bajo y extrema predisposición para colaborar en lo que sea, este personaje entrañable es un militante político de base de esos que trabajan duro sin esperar nada a cambio, un ejemplo de buena voluntad y transparencia. Sin embargo, su infancia fue muy dura.

“Yo llegué a conocer el miedo de un gobierno, en la parte de atrás de la casa donde vivíamos mis padres hicieron un pozo que tapábamos con cañas y nos teníamos que esconder cuando pasaba algún auto sospechoso, esto fue en la época de la dictadura, yo era un niño”, recuerda.

Según sus palabras, cuando era pre-adolescente, plena dictadura, “lo chuparon y lo metieron” en el Juzgado de Menores de Morón, donde pasó privado de su libertad 4 años.

“Mi recuerdo de eso es el peor, golpes, torturas, yo soy de la generación del 66, nosotros no sabíamos de droga ni portación de armas, nada, para nosotros fumar un cigarrillo a escondidas era un pecado, yo tengo picana en el cuerpo, a los 11 años y con otros pibes nos vendaron los ojos y nos hicieron tirar en el piso para gatillarnos cerca de la cabeza”.

Los años hicieron que David vuelque todo su tiempo en trabajar por mejorar aquello que tanto daño le causó. Desde hace 2 años se lo puede encontrar en la Unidad Básica Ramón Carrillo ubicada frente a la estación del ferrocarril Belgrano, en Gonnet 7055.

“Acá se dictan talleres de axé, hip-hop, danzas árabes, taekwondo, taebo; también hay una escuela de circo y está el proyecto de poner un taller de radio. El otro día los alumnos de axé trajeron 5 trofeos y 7 medallas, su profe Enzo Vázquez estaba feliz”, comparte con orgullo.

-¿Qué significa para vos la democracia?

- Es el don más divino que nos puede haber dado Dios, lástima que no todo el mundo sabe vivir en democracia, hay mucha gente que se mira a sí mismo y se olvida del otro, hay muchos que toman la democracia como libertinaje y no es así, hay que cuidarla entre todos. A veces no es necesario ser político para hacer algo bueno por el lugar donde vivimos. 

-¿Qué sentís por Del Viso?

-Uy…Del Viso es mi vida, yo tuve posibilidades de irme, a los 15 años en el primer trabajo que tuve cuando salí del Juzgado de Menores, el dueño de Pindapoy me ofreció irme a Alemania y no me fui, primero por mi mamá y después porque siempre creí que había un mañana. Un montón de chicos que ya no están, que no volvieron, también creyeron, no podía irme de Del Viso, este pueblo me vio nacer, me vio sufrir, acá me quedo.

A su vez recuerda: “El primer concejal de General Sarmiento en la época de Perón, un tal Ducan, era de Del Viso, un motorista custodio de Evita de las motos que iban delante de su auto; Don Jorge Vélez también, Martín Karadagián vivió en Unamuno y Leguizamón a dos cuadras de Luz y Fuerza, “El Ancho” Rubén Peucelle fue otro vecino de acá”.

“Del Viso tiene mucha historia, en su primer correo que era posta y funcionaba en la casa de Doña Rosita, Florida y Juan Ramón Jiménez, ahí se entregaron el primer pantaloncito, remerita azul y zapatillas blancas con la cara de Evita”, lanza al final de la entrevista mientras los trenes del tiempo llegan y rebalsan la tarde de trabajadores lentos en la estación de “La Ciudad de los Pájaros”.                            

 

 

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