Un barrio vive una pesadilla a manos de un grupo de ladrones

Se produjeron al menos cuatro asaltos a casas y viviendas en los últimos días. Señalan a una banda que tendría protección política. Son jóvenes que viven en el mismo barrio.
jueves, 22 de noviembre de 2012 · 00:00

“Esto es una pesadilla estando despiertos, todos los conocemos, y la policía también”, dicen Nélida Morán y Francisco Romero, luego de que en los últimos 20 días fueran asaltados. Pero no son los únicos, al menos en el último mes, porque una despensa y la casa de inmigrantes peruanos también fueron de la partida delictiva.

Los hechos se registraron en el barrio derquino Sansucí, y si bien la policía alguna vez aprehendió a los presuntos responsables, en horas estaban libres, ya sea por ser menores de edad o porque, según varios vecinos, “tienen protección política”.

Aunque sin poder confirmarlo, lanzaron una seria sospecha: los delincuentes serían parientes “de un político de Derqui”. El asalto a la mujer, que es viuda y vive sola desde hace años, ocurrió en su casaquinta de España 522. A la 1 de la madrugada fue despertada por un sujeto que le apoyó un revólver en la nuca. Con él estaba un cómplice; ambos encapuchados y el rostro con pasamontañas.

Habían violentado una ventana balcón para entrar, y la maniataron con el cordón de su pijama para comenzar el saqueo: un televisor plasma, un horno eléctrico, una estufa eléctrica grande, un DVD, un equipo de música, una bomba extractora de agua, una máquina spray para pintar, su celular, y unos 1.500 pesos.

Luego llegó algo que jamás haría un profesional del delito. Le pidió “el fierro” (revólver), pero la mujer adujo no tener armas y entonces el malhechor le dijo: “dale vieja, dame el fierro con el que me cuheteaste la otra vez”. Efectivamente, la mujer ya había disparado al aire el mes pasado para poner en fuga a dos individuos que saltaron sus rejas. Pero, además, se hicieron de las llaves de su automóvil Fiat Uno al que pretendían cargar la heladera de la mujer. Pero no pudieron porque no entraba y porque se disparó la alarma del rodado. No obstante, arrancaron el cable del teléfono de línea y escaparon con el resto de cosas, ayudados por dos cómplices.

 

Otro caso

Francisco Romero, un trabajador de 23 años, en sólo 12 días sufrió el hurto de sus pertenencias domiciliarias y, en un asalto, el robo de su flamante motocicleta que deberá terminar de pagar. Vive en una modesta casa sobre Austria e Italia, y al retorno del trabajo le faltaban su televisor de 21 pulgadas, unos 3 mil pesos ahorrados con su primo, todos los comestibles del mes para ambos por un valor de 800 pesos, y la mayoría de la ropa de los dos.

Su sufrimiento no terminó allí porque pocos días después dos sujetos, de entre 16 y 18 años, lo asaltaron a las 11 de la noche cuando llegaba a su casa a bordo de su Mondial de 110 cc. Además de la moto le sacaron su nuevo par de zapatillas.

Luego está el caso de la incipiente comunidad peruana del mismo barrio. Hace 15 días le desvalijaron la casa que moran varios inmigrantes. “Viven sobre Pilcomayo y Portugal, de día celebraron a su virgen en una capillita y con una procesión, y a la noche bailaban en la calle con fuegos artificiales, bueno, los chorros aprovecharon para romperles las puertas y robarles todo, sólo les dejaron los colchones porque se llevaron hasta las camas”, aseguró un vecino que no quiso identificarse por temor a represalias. Para colmo, las víctimas peruanas no radicaron la denuncia policial porque varias aún están indocumentadas y temen ser extraditadas.

El último caso perpetrado hace 22 días fue en una nutrida despensa que está a 150 metros de la casaquinta asaltada. “A las 2 de la madrugada de una noche lluviosa rompieron la puerta trasera y se llevaron la balanza eléctrica, el dinero en cambio de la caja, toda la mercadería y hasta los menudos de pollo”, relató tristemente la propietaria del comercio, Luisa Gerez.

Desde entonces, con su marido e hijos, se vino a vivir al comercio “porque si nos roban de vuelta quedamos en la calle, y lo terrible sería que alguien muera en medio de un asalto; los vecinos nos tenemos que defender porque estamos muy solos”.

Luisa y su esposo ya fueron robados de todo hace un año, debieron cerrar, volver a ahorrar y finalmente reabrieron. Pero ahora revivieron el drama, supuestamente, a manos “de cuatro chorros protegidos.

 

Reventa de lo robado 

“Esos chorros viven todos en una casona del barrio, de noche se juntan en tres determinadas esquinas, se drogan y luego salen a robar; pero lo peor es que a los pocos días andan con un carro vendiendo todo lo que nos robaron, y lo más patético es que hay gente que les compra”, coincidieron todas las víctimas.

Un ejemplo concreto fueron unas sillas de plástico blancas que les compró una mujer: eran producto del saqueo a una familia de nacionalidad peruana que vive en el barrio Sansucí.

 

La frase

“Los vecinos nos tenemos que defender porque estamos muy solos”, señaló una vecina.

 

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