por Comunidad de San Cayetano
El padre Florencio Viladoms Vila, nació en Castellbell y Vilar (España) el 6 de diciembre de 1939. Cuando tenía 12 años ingresó en el seminario menor, perteneciente a la diócesis de Vich, donde fue ordenado sacerdote el 22 de septiembre de 1963.
Sus títulos más destacados en formación académica fueron de maestro de Enseñanza Primaria, profesor en Filosofía y Pedagogía, licenciado en Filosofía, licenciado en Teología en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino (Roma). Al poco tiempo de ser ordenado, se ofreció para ser misionero en la Argentina, y así llega a nuestro país en el año 1967.
Junto a otros sacerdotes compañeros suyos del seminario, estuvo como vicario en la parroquia “Nuestra Señora del Perpetuo Socorro”, de Trujui. Allí ejerció su ministerio sacerdotal por varios años.
El 24 de marzo de 1976, llega a la parroquia San Cayetano de Del Viso para desempeñarse como vicario, trabajando junto al padre Luis Calm Baucells, quien fuera el párroco en ese momento.
El 11 de abril de 1989, fallece el padre Baucells, y quien fuera obispo de la Diócesis de San Miguel en ese momento, monseñor José Manuel Lorenzo, nombra al padre Florencio, párroco de San Cayetano, el 28 de abril de 1989.
En 1992, el obispo lo nombra vice-rector del seminario diocesano Arcángel San Miguel. Le encomienda la creación del seminario menor de la diócesis, tarea que cumplió y en 1998 es nombrado rector de dicho seminario. Tarea que ejerció hasta el año 2002.
Formador
No sólo formó sacerdotes sino también personas. Supo transmitir valores y ayudó a muchos a descubrir su vocación, haciendo de ellos muy buenas personas. Le gustaba estar cerca de la gente, decía “que de esa manera, podía ayudar más”.
Apreciaba de manera especial a los niños, porque él señalaba “son simples, sinceros y espontáneos”. Y a los pobres, porque apuntaba “lo poco que ellos pueden dar, lo dan con el corazón”.
Su fervor de llevar a todos a Cristo, no fue limitado, sino que se vio plasmado también en ampliaciones y construcciones de parroquias y capillas, como la ampliación de la parroquia San Cayetano, las construcciones de la capillas Nuestra Señora de Lourdes (barrio Pinazo) y Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (barrio La Loma).
Además, construcción de las parroquias Nuestra Señora de Itatí (barrio La Cabaña) e Inmaculada Concepción (Maquinista Savio), y otras en su paso por Trujui.
Este año también se construyeron salones parroquiales y el oratorio con adoración perpetua, que fue inaugurado en Pascua por nuestro obispo actual, monseñor Sergio Alfredo Fenoy.
Lo último que hizo el padre Florencio fue comenzar con la ampliación de la capilla Nuestra Señora de Lourdes, del barrio Pinazo que aún se está realizando.
Es de destacar su labor educativa en la creación o ampliación de los colegios parroquiales como los jardines de infantes Santa Bernardita y Blancanieves y las primarias de Santa Bernardita, Nuestra Señora Del Carmen y San Cayetano; y la secundaria Nuestra Señora de Fátima).
A su vez impulsó la ampliación del colegio parroquial San Cayetano y Nuestra Señora de Fátima”, el colegio parroquial Nuestra Señora del Carmen y el colegio parroquial Santa Bernardita de Pinazo.
En esta parroquia, podemos destacar también su apostolado con la juventud, por medio de los campamentos de verano. ¡Cuántos han ido de campamento con el padre Florencio!
Cuando le diagnosticaron que tenía una enfermedad terminal, siendo conciente de ello, nunca se dejó abatir, siguió con su ministerio de sacerdote, celebrando sacramentos como bautismos, casamientos, confesando y celebrando misa hasta sus últimos días.
El padre Florencio falleció el lunes 5 de noviembre de este año. El velatorio se realizó en esta parroquia todo el día martes 6, asistiendo muchísimas personas, familias enteras le dieron su último adiós.
El miércoles 7, se celebró la misa exequial, que fue presidida por nuestro obispo Fenoy junto a otros cuatro obispos representantes de diferentes diócesis. También acompañaron más de 30 sacerdotes. Al finalizar, se trasladaron sus restos al cementerio de sacerdotes, ubicado en el seminario diocesano Arcángel San Miguel.
El padre Florencio supo ganarse el cariño y el respeto de su comunidad, siendo admirado por quien llegara a conocerlo y tratarlo. En su interior fue una persona sencilla y con un espíritu de niño.
