Fuerte reclamo de vecinos de Rivera Villate por estado de las calles

La historia se parece a la de muchos barrios. Las malas condiciones de los accesos casi no admiten la circulación. Acumulan promesas sin soluciones. Se le suma el creciente delito.

18 de octubre de 2012 - 00:00

“Entre el barro, pozos, agua estancada, sin zanjas ni veredas, los robos y la venta de drogas nos sentimos en el Triángulo de las Bermudas, en cualquier momento desaparecemos”, comentó Francisco, uno de los vecinos que metafóricamente detalló el complejo nivel de vida en el barrio Rivera Villate, de Presidente Derqui.

Para colmo, aseguran que un nene de 3 años, hace 15 días, cayó dentro de una zanja con aguas servidas y su hermano mayor evitó que tragara agua o, mucho peor, se ahogara en ella.

La calle Almirante Brown, como la gran mayoría, cuando llueve se transforma en un lodazal intransitable al que no ingresa casi ningún vehículo. “Nosotros zafamos porque sabemos dónde están los pozos, pero la ambulancia no entra y los remiseros tampoco”, agregó otro frentista que tiene a su padre con una enfermedad que le impide caminar y debe ser llevado al hospital en un rodado. Ejemplos similares hay varios, pero el peor que dieron fue cuando dos años atrás una persona falleció porque la ambulancia no pudo sortear el profundo barro.

Las quejas se multiplican, y generalmente se callan. Sin embargo varias personas de la calle Almirante Brown, entre Gutiérrez y José Hernández, optaron por contar su drama a El Diario.

“Hace años que pedimos alguna solución, y hace seis meses llegó el subsecretario de Obras Públicas, José Kastelic, vio este desastre, le entregamos un petitorio firmado por los vecinos y prometió un buen trabajo luego de hacer un estudio de zanjeo, pero nunca volvió”, recordó Karina, mientras una mujer aseguró haber llamado a la delegación municipal el pasado 13 de agosto y que le aseguraron una posible visita del delegado, Eduardo Mancini, para constatar la situación.

Lo cierto es que el funcionario fue. “Él vino, nos conoce bien, le pedimos que al menos zanjeara, entoscara o tirara piedras como hizo en muchas cuadras de Derqui, pero no volvió; y no queremos tomar ninguna medida extrema”, sostuvo la esposa de Francisco sobre el discutido, y desechado, corte de calles.

No obstante, el año pasado algunos levantaron dos caños de desagüe -uno roto y el otro tapado- para tirarlos en medio del paso. Luego, otra mujer aseguró que cuando Humberto Zúccaro estuvo este año en la Escuela Media Nº 2, muy educadamente le reclamó mejoras y que, si bien la escuchó, no le respondió nada. Acto seguido unas personas la apartaron, “porque el señor intendente vino a la escuela por otros motivos”.

Finalmente los vecinos consideraron ir hasta el Municipio para hablar con él: “Sabemos que llega temprano, así que a las tres y media de la madrugada estaremos ahí con tal de que nos dé alguna solución”.

Barrio Rivera Villate, casi al fondo de calle Chacabuco, una zona con el 90 por ciento de personas trabajadoras que “solo somos visitados por políticos en las elecciones, cada dos años, y nos hacen promesas que jamás cumplen”.

 

Los frentistas viven con miedo 

Drogas y robos, a la orden del día

Otro capítulo oscuro es la venta de drogas, los robos y enfrentamientos de patotas con armas de fuego. La gente asegura que en las esquinas, de tarde o de noche, se venden y se consumen drogas “delante de nosotros y de nuestros chicos”.

Acotaron que hace poco alertaron al destacamento Monterrey y que cuando llegaron dos policías les señalaron a dos jóvenes en la esquina y con revólveres en mano. “Entonces en vez de ir derecho dieron la vuelta manzana, hicieron sonar la sirena y los chorritos se borraron, la verdad, no entendemos nada”, comentó un hombre que quedó en medio de un intenso tiroteo entre bandas ya que un balazo ingresó a su casa y pasó muy cerca de su padre enfermo.

El único kiosco que hay, el de Doña María, se remite a una pequeña ventana que, por ahora, le evita ser asaltada. Pero ella sabe que un robo está latente “porque de noche me rompen las luces de la vereda y tratan de forzarme la cerradura de mi puerta”.

Los arrebatos son moneda corriente, a la par del robo a mano armada de las bicicletas o motos. “Al nenito de Juan, de unos 7 años, le robaron la bici nueva que le regalaron para su cumpleaños, y yo ya estoy cansado de cambiar candados o comprar cadenas porque me los rompen, y si no se animan a entrar es por el perro bravo que tengo”, agregó uno de los reunidos.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar