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Tribuna del lector: Un presente, ahora y siempre

por Atilio Invernizzio*
26 de marzo de 2011 - 00:00

 

La historia de lucha de nuestro pueblo nos impulsa hacia la conquista de una sociedad más justa. Rodolfo Walsh escribía: “Las clases dominantes han procurado desconocer e ignorar héroes y mártires, pues ello genera que la lucha siempre comience de nuevo”. Nuestro pueblo nunca se resignó a vivir de rodillas”.

La dictadura cívico militar pretendió negarnos la verdadera historia y nuestra memoria. No fue un arrebato irracional de un grupo de militares, había civiles que se beneficiaban económicamente, o que por su raíz reaccionaria, su viva el cáncer, lograban acceder al poder o renegar del juramento a la Constitución y ser parte de la historia más oscura de nuestra patria.

Tuvieron que asesinar 30.000 compañeros, militantes alfabetizadores de villas, toda una juventud que quería un mundo mejor, un hombre nuevo cuya economía estuviera al servicio del hombre y no a su inversa.

Instauraron el miedo, el terror desde el Estado, no existía justicia, la portación de ser joven, estudiante o delegado de trabajadores era subversivo.

Ese era el plan pergeñado desde EE.UU., que utilizando a las clases dominantes entregaron el país a la dependencia, sumisión nacional y exclusión.

Igual que un siglo atrás Roca con sus secuaces próceres unitarios hicieron el genocidio de los originarios, para robarles las tierras y concederlas al abuelo de Martínez de Hoz y a la naciente Sociedad Rural, manchada de sangre por beneficio económico de esa minoría oligárquica.

Siempre el tiempo hace que la historia recurra a la memoria, y la transforme en fértil. Esa memoria de Belgrano, San Martín, Güemes, Rosas, Perón, Evita, El Che, y todos los que dieron su vida por nuestra patria.

Hoy todavía hay muchos que extrañan el poder y recurren a los medios como generadores de conciencia pero la historia fértil es la construcción de este nuevo país. El camino de nuestros verdaderos próceres lo transitaron nuestros compañeros, nuestras Madres y Abuelas de Plaza Mayo, y desde el 2003 lo iluminó el compañero Néstor Kirchner, que tuvo que cerrar los ojos para que millones lo abrieran y acompañaran las transformaciones que hoy estamos impulsando, del dolor de la dictadura cívico militar a la alegría de un pueblo feliz, con solidaridad, memoria, verdad y justicia.

Desde la Casa de la Memoria de Pilar, a 35 años de la noche de los dinosaurios, decimos, sentimos y vivimos con cada uno de nuestros compañeros un presente ahora y siempre. La única lucha que se pierde es la que se abandona.

 

*Casa de la Memoria

 

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