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¿Primero lo primero?

4 de diciembre de 2011 - 00:00

 

por Víctor Ejgiel

 

Nadie puede poner en duda hoy en día que la política, casi con exclusividad la que lleva la impronta K, tiene una efusividad y expresividad que algunos considerarían excesiva. La pasión por defender las premisas políticas es desde siempre parte importante de las ideologías pero, ¿Hasta dónde pueden ser incorporadas como tales?

El día sábado pasado, durante la cena del 25º aniversario del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires, más conocido como SUTEBA, cita que se dio en el complejo de Costa Salguero, tomó la palabra el secretario general, el docente Roberto Baradel, quien como corresponde agradeció la participación de todos quienes integramos el sindicato, de la Agrupación Hijos y Abuelas que se encontraban presentes, del ministro de Educación, el profesor Mario Oporto, ese mismo que se negó a escuchar propuestas y se presentó por segunda vez con las manos vacías en la reunión de paritarias, y en ya la parte más efusiva del discurso, dio algo así como las bases, las premisas de nuestro sindicato de aquí en más.

Y allí llegó la sorpresa de la noche, en primera instancia dispuso que el gremio defenderá las políticas de este Gobierno (que sin miedo a equivocarme forma parte el invitado Oporto) para, en segunda instancia predicar por la escuela pública y la educación para “todos y todas”, otro eslogan aberrante desde la lengua.

Sinceramente nombró una tercera premisa, que no pude escuchar ya que mis oídos se cerraron al haber escuchado cómo los bastiones de mi sindicato se habían transformado en una segunda opción por detrás de lo que bien podría significar una propuesta de cualquier agrupación política de la que nunca quise ser parte.

Ya se venían observando acciones que demostraban cierto “convenio” de amistad entre el Suteba y el gobierno provincial y nacional, de hecho nadie reclamó en todo este año, o por lo menos no se hizo con la suficiente fuerza, que ninguna Escuela Secundaria Básica, que pronto formarán parte de la nueva secundaria, poseen edificio propio, no se han visto trabajos de ampliación de salones, más allá de los realizados por la Municipalidad, a pesar de la exigencia generada desde la obligatoriedad de la escuela secundaria y la famosa inclusión tantas veces nombrada y tan poco cumplida.

Ya se vio la desesperación por llegar a anotar a un chico en una de las únicas dos escuelas técnicas del distrito, ese mismo que tiene el Parque Industrial más grande de Sudamérica. Y esta semana comienzan las inscripciones en las demás secundarias así que veremos cómo once escuelas medias se encargan de recibir el legado de más de 40 secundarias básicas.

Si invertimos las premisas, o mejor dicho incorporamos premisas que no corresponden a la acción gremial, la imagen de la lucha verdadera se desdibuja, todo aquello por lo que lucharon no sólo los iniciadores del gremio, sino cada docente desde su aula perteneciendo o no a él, deja de ser una opción docente pura para pasar a la política misma, esa a la que se integraron muy bien muchos secretarios generales hoy devenidos en diputados nacionales. n

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