Tribuna del lector: El otro muy triste 2 de Abril

 
por Miguel Gamboa* 
por Miguel Gamboa*   
martes, 6 de abril de 2010 · 00:00

 

Cuando llega el 2 de abril, el primer recuerdo que nos llega a la memoria a la mayoría de los argentinos y argentinas, es la triste Guerra de Malvinas, aunque también existió otro triste 2 de abril, cuando transcurría el año 1976.

Por aquel entonces el ministro de Economía del gobierno de facto, José Alfredo Martínez de Hoz, iniciaba la materialización del principal objetivo del golpe de Estado: el cambio estructural orientado a transformar radicalmente la economía del país en beneficio de sectores concentrados, y sus socios extranjeros.

Se prometía una economía de producción, modernización del país y detenimiento de la inflación, para esto último, se propuso reducir el déficit fiscal e impedir el aumento de salarios. La receta de la teoría neoliberal era soltar la economía a los movimientos del mercado (Ley de oferta y demanda) y el Estado propiciar el control de los salarios, manteniéndolos bajos, incluso por medio de la sanción a empresas que otorgaran mejoras salariales y paralizando los reclamos sindicales, de esta manera, se daría por finalizado el modelo de industrialización para sustituir importaciones, más conocido como I.S.I.

En este período también se consolidó la “Patria Financiera” en la que el sector más importante de la economía, dejaba de ser el productivo para convertirse en el que especulaba con el dinero. La reforma financiera estableció altas tasas de interés y el Estado garantizó los depósitos a plazo fijo en caso de quiebra. Esta política favoreció la proliferación de bancos e instituciones financieras y fomentó la especulación.

En marzo de 1981, cuando dejó de aplicarse la “tablita” ya habían quebrado numerosos bancos haciéndose el Estado cargo de sus pasivos y deudas ¡Sí el Estado Nacional se hacía cargo de las deudas de los privados!

Con este plan económico se popularizó el término “Plata Dulce” que indica un conjunto de conductas sociales dentro de las que se incluía, el consumismo desenfrenado, que permitía importar todo lo imaginable (por ejemplo compras de televisores a color en Uruguayana), viajar al extranjero de vacaciones o de paseo de compras, que resultaba más barato que en el país, todo esto era posible porque el peso se encontraba sobrevaluado, y un dólar barato fijado artificialmente por el gobierno, una similitud al fenómeno de la década del 90.

Es más que evidente que este plan económico pudo ser implementado gracias a la utilización de su principal herramienta que fue el autoritarismo del gobierno militar, lo que incluyó: terrorismo de Estado, sometimiento de las clases trabajadoras, silenciamiento y represión a sindicatos, periodistas, intelectuales, una legislación laboral regresiva, destrucción de los lazos de solidaridad en las fábricas, en los barrios, en los clubes, en las escuelas y la desindustrialización selectiva que favoreció a los amigos del poder que tenían una combinación de actividades industriales, de servicios, comerciales y financieras, como son los grupos Macri, Pérez Companc, Bulgheroni, Fortabat, Bunge y Born, y Techint.

Como consecuencias trajo la destrucción de la industria nacional con el cierre de miles de Pymes, desempleo, trabajo informal, deuda externa (en 1975 el país tenía una deuda exterior de 8.000 millones de dólares, a finales de 1983 la deuda comprendía unos 44.000 millones de dólares), se amplió intencionalmente la brecha entre ricos y pobres reduciendo a la mitad los impuestos que graban la riqueza, aumentando los impuestos al consumo y congelando por ley los salarios.

La verdad que cada 2 de abril es una fecha doblemente triste, por un lado la Guerra de Malvinas que nunca debió acontecer y por el otro la implementación de este plan económico, donde en la actualidad quedan vestigios intactos, la ley a Entidades Financieras que sigue en vigencia y que ya es hora de cambiarla.

También, a lo largo de estas décadas que pasaron llegando incluso hasta la actualidad, queda ciertamente demostrado que “Dios Mercado” no apareció, el mercado según los eruditos liberales resolvería los problemas de educación, salud, jubilaciones, infraestructura, distribución del ingreso y todavía, lamentablemente no tuvimos noticias de él.

 

*Sec. General Partido Socialista Pilar Frente progresista Cívico y Social.

 

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