Opinión: Ver más allá

por Carmen Mahfud

sábado, 3 de abril de 2010 · 00:00

En el más que conocido libro de Antoine de Saint-Exupéry, el Principito, al ver el avión caído en el desierto,  le pregunta al piloto: ¿Qué es esa cosa?, el piloto le responde que es un avión, que es de su propiedad y que además “vuela”... es decir -y esto es una apreciación personal producto de lo aprendido-, que aquello que para el rubio Principito era una cosa, dejó de ser sólo un objeto para pasar a ser una realidad distinta. Distinta porque al decir que el avión volaba , ya no era sólo un pájaro metálico, sino que era un pájaro que además transportaba personas, recorría distancias, interactuaba con las nubes, con el cielo, con la aerodinámica, con un sueño de llegar a algún lado, etc, etc. Pasó entonces a ser una realidad distinta, más allá de la propia existencia como cosa u objeto.

Observando la realidad, y con el hábito de tratar de profundizar más allá de mis propias narices; con la costumbre de tener siempre grandes esperanzas; con esta inclinación mía hacia la abstracción, con el placer que me produce lograr ir más allá,  he estado pensando en este ejemplo que lo simbólico del Principito nos transmite.

¿Cuántas veces en la vida, al pensar en el avión, pensamos en el pájaro de metal solamente? ¿Cuántas veces  diariamente pensamos en grande? 

¿Cuántas veces nos damos verdadera cuenta de las connotaciones que pueden tener nuestras acciones?

¿En cuántas oportunidades vemos esa realidad distinta? Pocas... seguramente pocas veces nos detenemos a pensar en ello.

Tal vez la vorágine de nuestras vidas sea la que nos impida hacerlo, o tal vez nuestras propias limitaciones, no sé.... aún debo reflexionar más sobre ello.

Las cosas pueden tener un significado, avión-pájaro metal -objeto tangible, pero si tienen un significado especial  de interrelación con otras, pasan entonces a tener “sentido” y trascienden más allá de sí mismas.

¿Qué pasaría si nos quedáramos estancados en las dificultades, en las oposiciones, en la falta de medios, en la mediocridad, en la veracidad del objeto mismo?, sin comprender que estas mismas cosas se convierten  en desafíos que no sólo resuelven los obstáculos sino que nos llevan a la grandeza.

Con emoción, tuve la oportunidad de asistir a la inauguración del completo edificio de la UTN en Pilar - me parecía estar en otro lugar, me sorprendió (no estamos acostumbrados a esto) escuchar a un funcionario que agradecía a otro -autoridad como él y en mandato anterior- por lo que había dejado para Pilar como lo es el Parque Industrial y cómo este último lo completaba instalando  una sede educativa como la UTN. Y hablando de lo que quedaría para la comunidad pilarense sin mencionar  autorías demagógicas.

También me llamó la atención el nuevo proyecto hacia la biotecnología y todo... en nuestro Pilar.

Realmente sorprendida creía no escuchar lo que estaba escuchando, creía no ver lo que estaba viendo.

Confeccionando algunas analogías me preguntaba:

¿Será éste, un funcionario que sabe ver más allá y que pretende comenzar de una vez por todas, una política de Estado en serio?

Hace pocos días también y siempre en apoyo a la actividad cultural, visité el Instituto Carlos Pellegrini.

Allí, reunida, gestionando actividades para la inauguración  de la universidad pública, me volví a sorprender. También me pareció estar en otra espacialidad, con un proyecto ambicioso que pudo conformar una realidad distinta, pese a tantas dificultades.

Y pensé... que quien apoye, quien fomente, la educación con tanto ahínco habrá dado un “sentido”, más allá del propio significado, habrá sabido pensar en grande, habrá concebido una pizca de eternidad.

Esta reflexión no pretende ser innovadora, pero la “Quijotada”  frente a la falta de medios, los palos en la rueda, amerita la aprobación de quienes pretendemos cambiar y darle a las cosas un significado especial, es decir un sentido trascendente.

Hace poco, cuando mi nieta mexicana -la más pícara- , en ocasión de hacerle una corrección en su cuaderno, apurada por irse a jugar y reprochándome la demora a causa de mi correción, me preguntó: ¿No era que tu no veías? Luego de festejar su pícara ocurrencia, pensé que era cierto, que no veía, pero que nada ni nadie impediría que siguiese   trabajando, que siguiese pintando, que siguiese tratando de ver más allá.

Es por eso que hoy escribo con el profundo convencimiento que se puede, que una opción de vida que transforme la realidad y nos haga hacer lo que hacemos cada día mejor es nuestro mejor desafío.

Y en relación a ello, sorprendiéndome por las realidades distintas que este funcionario edifica es cuando me pregunto:

¿Será éste un funcionario (brillante políticamente), quien asimiló que un discurso puede dejar de ser sólo una “cosa” para pasar a ser algo trascendente?

¿Será éste un funcionario que lucha a brazo partido únicamente por su terruño?

¿Será éste un funcionario que embiste, arremete y está convencido que la educación es la salida?

Mi respuesta sin ninguna duda es: Sí.

 

* Concejal y arquitecta.

 

 

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