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Opinión: La Paranoia C.C.

17 de octubre de 2010 - 00:00

 

por Alejandro Lafourcade a.lafourcade@pilaradiario.com

 

Como nunca antes había sucedido en iniciativas de este tipo, la inminencia del Censo 2010 (a desarrollarse el miércoles 27) ha permitido oír voces que hablan de desconfianza, desidia, manías persecutorias y hasta acciones planeadas para “perjudicar al Gobierno (¿?)”.

Es común escuchar a vecinos avisar de antemano que no le abrirán a la persona que el 27 toque a su puerta cuestionario en mano, o bien que preferirá atenderla desde la ventana, una mirilla o del otro lado de las rejas. Incluso, están quienes se jactan de “boicotear” las acciones, como un acto de represalia hacia el oficialismo, como si un censo fuera una medida impuesta por el gobierno de turno y no una política de Estado que tiene su origen en el siglo XIX, constituyéndose en uno de los actos más importantes que un país puede encarar.

Aquí es justo hacer una separación entre aquellos que, por un temor legítimo y comprensible, no permitirán el ingreso del censista a su vivienda, de los que se llamarán a rebeldía.

El tigre sumó una nueva mancha en los últimos días, cuando algunos clubes de campo del distrito (nada menos que la mitad, según confirmó a El Diario una de las jefas departamentales del censo) tenían pensado no dejar entrar a los encuestadores a los predios. Es decir, que el cuestionario iba a ser respondido, pero a la manera de los habitantes de la urbanización cerrada, y con los censistas esperando pacientemente en la guardia. Algo similar a lo que ocurrió en 2001, en lugares tan tranquilos que podría asesinarse a una vecina un domingo a la tarde y nadie escucharía nada.

De concretarse esta postura, la tarea iba a volverse por demás engorrosa, debido a que los cuestionarios iban a tener que ser reelaborados por los trabajadores, ya que las planillas deben ser escritas con determinado tipo de lápiz. Afortunadamente, desde la Federación de Clubes de Campo se habría garantizado una jornada normal, es decir, con los censistas dentro de los countries, como sucede en un edificio de departamentos.

En definitiva, se generó una polémica que no debió haber existido, ya que la realización de un censo debería ser tomada con naturalidad por toda la ciudadanía, además de ser obligatorio el hecho de someterse al cuestionario.

A su vez, el caso ofreció otra muestra de la prepotencia a la que pueden llegar ciertas organizaciones, con abundantes ejemplos de desapego a las normas “del afuera”, basándose en reglas internas escritas o tácitas que según la óptica de algunos no deberían ajustarse a las generales del resto de la sociedad.

Lo que pasa barreras adentro se resuelve barreras adentro de algunas mini-ciudades autorreguladas con supermercado, capilla y hasta escuela propias, como para no tener que salir a enfrentar el peligroso mundo exterior.

El miércoles 27, la paranoia y la autosuficiencia deberían ser dejadas de lado para permitir el ingreso de estos  extraños con planilla que pretenden llenar de preguntas a los tranquilos cultores de la vida verde.

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