Curiosidades

Abebe Bikila, el campeón descalzo

viernes, 10 de junio de 2022 · 08:16

Hay seres humanos que nacen con una estrella excepcional. Ellos a fuerza de espíritu, de voluntad y de grandeza, logran cosas que para muchos parecen imposibles. Personas que no creen en los obstáculos como un llamado a parar, sino como una inspiración para superarse. Es el caso de Abebe Bikila que, desde la más profunda humildad, se coronó en un trono deportivo sin precedentes. Con los pies desnudos y curtidos en su tierra de fuego, Bikila alcanzó el laurel de los vencedores en las Olimpiadas de Roma de 1960. 

Su proeza fue doble porque llegó sin ninguna zapatilla de las grandes marcas que enfundaran sus pies de atleta y porque su presencia en aquellos juegos olímpicos fue casual. Un simple hijo de un cuidador de cabras etíope, que cruzó la meta del Arco de Constantino durante la prueba de la maratón, asombrando al mundo entero. Una hazaña única imposible de olvidar y que, sin duda, merece ser recordada y que hoy en esta columna te contamos.

1/ ¿Quién fue Abebe Bikila?

Se llamaba Abebe Bikila y cuando ganó aquellas Olimpiadas no llevaba más que cuatro años dentro del mundo de las maratones. Llegó de casualidad, llevado por un impulso, por un deseo de entrar en contacto con la tierra que lo había visto nacer: Etiopía. Correr lo hacía sentirse libre y, enseguida, como no podía ser de otro modo, llamó la atención de un entrenador deportivo: Onni Niskanen.

Era un diamante en bruto, lo sabían bien, incluso Adidas se fijó en él antes de que ganara el oro en aquellas Olimpiadas, y aunque intentaron que corriera calzado para promocionar la que iba a ser una victoria segura, Bikila se negó. Otro dato interesante es en que aquella maratón que le dio la fama, estaba también su hermano, Albalonga Bikila.

Lo que en verdad deseaba el joven atleta era demostrar que la gente de su país disponía de una gran dosis de heroísmo, fuerza y humildad. Él no era capaz de adaptarse a ningún tipo de zapatilla, nada que aprisionara su libertad y su instinto. Lo llamaron, sencillamente, el guerrero descalzo.

2/ ¿Por qué su historia tuvo tanto impacto?

De él se dice que fue el primer gran héroe del África. Nació en Jato, Etiopía, en el año 1932. De origen humilde, llegó a ser miembro de la Guardia Imperial de Haile Selassie, entorno en el cual sus capacidades deportivas fueron descubiertas. Fue el primer atleta que logró el Oro para África en unos Juegos Olímpicos. 

La manera en la que llega a participar en esta jornada deportiva también resultó increíble. A pesar de que su talento ya le había dado cierto reconocimiento en su país, fuera de Etiopía era un total desconocido, lo que le restó posibilidades para ser seleccionado y participar en los Juegos de Roma. Pero uno de los miembros del equipo de maratón que había sido aceptado, se lesionó jugando al fútbol. Sería esa la inesperada vacante que le abriría las puertas de la gloria, el 10 de septiembre de 1960.

3/ Las siguientes Olimpiadas

La proeza de Abebe no terminó en Roma, sino que volvió cuatro años después a las siguientes Olimpiadas, las de Tokio. El héroe etíope retornó con energías renovadas tras vivir años convulsionados en su vida personal: había pasado unas semanas en la cárcel, acusado de haber participado en la preparación de un levantamiento militar. Y solo un mes antes de acudir a Tokio, padeció una seria operación por apendicitis. Pero nada le impidió volver a ganar. Volver a alcanzar la cumbre y la medalla con un nuevo récord en una maratón: 2 horas 12 minutos 11 segundos.

¿Pero lo hizo también descalzo?… No. Sentimos decirte que no fue así. Esta vez no pudo ser. Se lo impidieron por razones económicas. El equipo Olímpico de Etiopía necesitaba dinero y un patrocinador, así que la marca Puma les pagó una alta cantidad de dinero solo con una condición, que el Dios etíope descalzo calzara esta vez sus zapatillas y su marca.

4/ Un triste final

Tras aquel triunfo, llegaría la fatalidad a su vida. La peor y más cruel de las bromas: un accidente de tráfico lo dejó en silla de ruedas de por vida. Y, curiosamente, dicho accidente lo sufrió con el mismo Volkswagen que le habían regalado tras su victoria en Tokio. ¿Pero se rindió este deportista etíope al que, de pronto, le habían arrancado las alas de los pies? Según él mismo:

Los hombres de éxito también conocen la tragedia. Fue la voluntad de Dios que yo ganase en los Juegos Olímpicos, y fue la voluntad de Dios que tuviera mi accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia. Tengo que aceptar ambas circunstancias como hechos de la vida y vivir feliz”.

Bikila falleció a los 41 años, a raíz de un derrame cerebral, pero su leyenda ya estaba hilada en el Olimpo de los Dioses. De los dioses descalzos y humildes.

 

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