¿De dónde viene la costumbre de deshojar margaritas blancas?

miércoles, 14 de diciembre de 2022 · 08:32

Deshojar la margarita blanca, acompañada del sonsonete “me quiere, no me quiere…” era un intento –más bien una esperanza– de adivinar, a través de ir cortando los pétalos de dicha flor, si eras correspondido por la persona que amabas. Puro pasatiempo romántico que envuelve los sentimientos a la espera de la reacción, en un futuro cercano, de la otra persona en la que se está pensando.

Todos hemos apostado alguna vez al azar para que sus pétalos nos marquen nuestro destino amoroso y salir de dudas sobre si la persona nos corresponde o no. Pero seguramente si la respuesta no era afirmativa, has tomado otra margarita hasta que salía que la persona sí te quería. Se trata de una costumbre que hemos heredado de generación en generación a lo largo de los siglos y que ha llegado hasta nuestros días.

Pero lo más probable es que no supieras que esta costumbre está relacionada con las matemáticas. En primer lugar, porque la margarita no es una única flor, sino muchas. Por eso, cuando arrancamos un pétalo estamos arrancando varias. De manera que en este juego la naturaleza y la ciencia se combinan para marcar nuestro destino hacia la persona amada.  Según los expertos, cada pétalo cuenta con 5 flores diferentes. Las distintas flores que se encuentran rodeando la corona siguen el patrón de Fibonacci, donde algunas margaritas terminarán con un número impar de pétalos y otras con un número par. Si la flor tiene un número par de pétalos, la respuesta será sí y si es impar, la respuesta será que no.

En cualquier caso, dejando aparte las matemáticas, lo cierto es que deshojar margaritas es una tradición tan arraigada en todo el mundo, aunque ha caído mucho en desuso. Lógicamente, no hay ningún principio racional que la sustente. No obstante, son clásicas concepciones que dan sabor a la vida.

 

¿DE DÓNDE VIENE LA TRADICIÓN DE DESHOJAR MARGARITAS?

A lo largo de la historia, varias culturas han tenido diferentes mitos y leyendas sobre la margarita. Para los italianos, la margarita es una flor sagrada, la estrella de Italia y el símbolo de la reina Margarita. En Escocia, las flores se llaman “flores de niño”, en Gales “estrella temblorosa” y en Alemania “medida del amor”, ya que los pétalos de la margarita miden la adoración de un amante. Los celtas relacionaban la inocencia con las margaritas y pensaban que éstas crecían para aliviar el dolor de las personas. Y los victorianos cantaban “me ama, no me ama” mientras arrancaban los pétalos de las margaritas.

Esta costumbre también fue dramatizada en el “Fausto” de 1808 de Goethe.

Los franceses tienen la tradición de literalmente “deshojar la margarita”. Pero, de forma típicamente gala, esta costumbre se refiere más bien a lo mucho que se les quiere: un poco, mucho, hasta la locura o nada. Con el tiempo, esta costumbre también llegó a nuestra tierra.

 

TRADICIONES Y SUPERSTICIONES SOBRE LAS MARGARITAS

Existen diferentes teorías e hipótesis que intentan explicar el origen de esta curiosa costumbre.

Las margaritas blancas siempre se han asociado con la belleza y la sencillez y la modestia, dos características heredadas de la época victoriana, cuando se creó el lenguaje de las flores. La práctica conocida de deshojar margaritas, ya se practicaba en esta época, e incluso se dice que tiene su origen en las doncellas victorianas con el corazón roto que deseaban volver a ser amadas por sus pretendientes. Una doncella arrancaba los pétalos de una margarita uno a uno, cantando: “me quiere, no me quiere”, por cada pétalo arrancado. Por supuesto, también era el último pétalo el que predecía el resultado de la situación.

Pero también tenían otro método de adivinación. Una joven doncella recogía un puñado de margaritas con los ojos cerrados. El número de flores que sostenía en la mano indicaba el número de años que le quedaban para casarse.

No obstante, hay quienes creen que esta tradición tiene un origen oriental. Se dice que los enamorados ocultaban un pétalo de margarita en sus pantalones. Si transcurrido un día, el pétalo seguía conservando cierta frescura podía estar feliz porque la persona amada le correspondía. De lo contrario, significaba que todo estaba muerto y que no tenía posibilidades con ella.

Otros apuestan por un origen celta. La cultura celta confería a estas flores la posesión de los espíritus de niños muertos al nacer. Según la leyenda, Dios habría rociado estas flores para darles a los padres que habían sufrido la pérdida una imagen más bella. Puede que, por ello, siempre se haya relacionado con la pureza y la inocencia y, en este sentido, con la pureza del amor que se siente por otra persona. Una pureza que también se ha asociado a la virginidad de la mujer. Al ir deshojando una margarita, es el destino el que nos dirá si esa mujer realmente nos va a entregar su amor eterno

Pero no solamente los enamorados han utilizado estas flores a lo largo de la historia para comprobar si eran correspondidos por la persona amada, sino que también han tenido una utilidad más práctica. Los agricultores medievales la usaban para determinar cómo iba a ser la cosecha de ese año. La primavera no llegaría hasta que uno pudiera poner un pie sobre doce margaritas; soñar con margaritas en primavera o verano era un presagio afortunado, pero soñar con ellas en otoño o invierno significaba una perdición segura. Trasplantar margaritas silvestres a un jardín cultivado se consideraba de muy mala suerte.

Si bien su modesta sencillez convirtió a la margarita en la flor favorita de muchos poetas, sus poderes curativos y predictivos la hicieron popular no sólo entre los agricultores, sino también entre un infame rey inglés. El rey Enrique VIII comía platos de margaritas para aliviar sus dolores de úlcera estomacal; en esta época también se creía que beber margaritas machacadas empapadas en vino, en pequeñas dosis durante 15 días, curaría la locura.

Lo cierto es que la margarita esconde muchos más misterios, leyendas y curiosidades. En cualquier caso, creamos o no estas teorías e hipótesis, lo cierto es que no existe ninguna otra flor en el mundo que haya sido más deshojada por los enamorados a lo largo de toda la historia de la humanidad en todo el planeta con fines amorosos. Una flor que siempre que nos la encontramos nos invita a poner en marcha la ruleta del azar y que, cuando la respuesta es negativa, no existe ningún impedimento para volver a empezar de nuevo y encontrar la respuesta que nos satisfaga.

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