Curiosidades

Así se inventó el champán por error

miércoles, 24 de noviembre de 2021 · 07:49

El nacimiento del Champagne no fue algo planificado sino más bien un hecho fortuito.

Nuestro legado vinícola se lo debemos a los monjes. Ellos fueron quienes empezaron a trabajar duramente las tierras, desarrollando las condiciones más óptimas para el cultivo de la vid y plantando algunos de los mejores viñedos.

Ese fue el caso de Dom Pierre Pérignon, un benedictino ciego de la Abadía de Hautvillers de Epernay, un pueblo dentro de región de Champagne en Francia. La leyenda cuenta que el sin querer fue el inventor del champán.

Durante el año 1693, el monje francés pasó mucho tiempo perfeccionando el arte de hacer vino blanco a partir de uvas tintas. Para ello evitaba sus pieles, las responsables del color, y mezclaba diferentes tipos de vino de diversos viñedos de la región de Champaña, en Francia, para mejorar el sabor de su producto.

Pérignon consiguió finalmente elaborar un gran vino blanco a partir de uvas tintas, pero siempre aparecía un problema: constantemente surgían burbujas en las botellas. El benedictino no entendía lo que ocurría, de hecho -ironías del destino- pasó mucho tiempo tratando de evitarlas. 

Sin embargo, los ingleses a quiénes los monjes enviaban vino blanco, preferían la versión "fallida" del monje, es decir les gustaba más el "burbujeante" de Dom Pérignon a la versión clásica. 

A pesar de ello, los monjes pretendían seguir haciendo sus vinos blancos y tintos como en las demás regiones europeas. Pero a causa del frío invernal de la región, aquellas botellas detenían naturalmente su fermentación (las levaduras se paralizan a bajas temperaturas), es decir que alcanzaban un grado alcohólico moderado y tenían azúcar residual. 

Al llegar la primavera y el calor, la actividad bacteriana se reactivaba, y como cada botella estaba tapada (con trozos de madera envueltos en trapos), las burbujas quedaban atrapadas y por la presión muchas explotaban. Esto también ocurría porque el vidrio de la época era débil y de escaso grosor. Además era común la reacción en cadena: cuando una explotaba, lo hacían muchas otras después. Dom Pérignon no sabía por qué ocurría esto y denominó a su vino como "vino loco".

Como maestro bodeguero Dom Perignon sabía cómo elaborar vinos, aunque ni él ni nadie por aquel entonces podía explicar el porqué de las burbujas. Fue Louis Pasteur, 150 años después, quién dedujo el proceso natural de la fermentación por el cual las bacterias asimilan el azúcar y la convierten en alcohol, generando a su vez calor y CO2, es decir gas carbónico.

Cuentan que la inestabilidad de este vino fue causa de muchas preocupaciones, pero afortunadamente aparecieron unas nuevas botellas con el cristal más grueso. Asimismo, el tapón que se utilizaba hasta entonces se reemplazó por uno de corcho que utilizaban unos peregrinos de Sant Feliu de Guíxols (en el bajo Empordà, Girona) para tapar sus cantimploras.

Pero ese 4 de agosto de 1693, Dom Perignon con los cambios que introdujo cambió el concepto y aseguró estar bebiendo estrellas. A partir de ahí la percepción de los monjes con aquel vino cambió por completo, y con el tiempo se convirtió en el vino más elegido para las celebraciones, llegando a ser en la actualidad el vino más famoso del mundo.

Ya estamos cerca de las Fiestas de Navidad y Año Nuevo. ¡QUE ESTE LEYENDA NOS VAYA PREPARANDO PARA CELEBRARLAS EN PAZ Y ALEGRIA!

 

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