Haciendo Eco en Pilar

Los elementos imprescindibles que garantizarán el éxito de tu huerta

martes, 2 de noviembre de 2021 · 08:20

El resurgimiento de la cultura de la autoproducción de alimentos se está difundiendo en todo el planeta y viene conquistando nuevos  pilarenses huerteros de todas las edades y clases sociales. Unos comenzaron a cultivar sus verduras simplemente tras mudarse lejos de los centros urbanos, donde podían proveerse de verduras y frutas. Otros, al tomar conciencia de las ventajas de cultivar acompañando los ciclos naturales, respetando el entorno y cuidando el medio ambiente.

Lanzarse a cultivar la huerta en casa es fácil y hasta puede convertirse en toda una aventura, cargada de beneficios psicofísicos para las personas y para el ambiente.

En la producción agroecológica no se aplican productos tóxicos ni contaminantes para el control de plagas y enfermedades, pero esta forma de producción va más allá. Cuidar el suelo, su salud y su fertilidad con técnicas apropiadas y abonos naturales será la base que garantizará la salud de las plantas y la de quienes las cultiven y consuman

 

SUELO

Preparar la tierra para la huerta. Una auténtica cuna para nuestros cultivos a la que tenemos que prestarle especial atención en esta época.

De ella dependerá que lo que sembremos crezca con fuerza y vigor. La mejor inversión para que podamos disfrutar de esos sabores del huerto tan apreciados por quienes disfrutan de este hobby.

Poder disfrutar de ellos pasa, inevitablemente, por dedicar tiempo a preparar la tierra para la huerta. Y es que un buen suelo permitirá crecer a las semillas que sembremos, o arraigar rápidamente a aquellos plantones que trasplantemos.

Esto es fundamental para mantener un ecosistema en equilibrio sostenible, y constituyen las bases en las cuales nace la Agroecología.

El suelo o solamente es el sostén físico de las verduras, sino un maravilloso conjunto de minerales, materia orgánica y organismos de diferentes tamaños. Agua y aire circulan por sus poros, permitiendo mantener la salud y vitalidad de este complejo. Aprender a cuidarlo con las labores adecuadas es clave en el éxito de una huerta.

La ROTACIÓN es otra técnica que ayuda a mantener en equilibrio la huerta y aporta a la fertilidad del suelo. Por ejemplo, si después de una hortaliza de raíz se siembra una verdura de hoja, al absorber de diferentes profundidades, tendrán disponibilidad de otros nutrientes.

Proteger el suelo de la erosión es uno de los aspectos que hay que resaltar. El mulching (mantillo o cobertura), ayuda a mantener la humedad, controlar la temperatura y evitar el desarrollo de malezas en el área de trabajo.

Por último, abonarlo con un COMPOST equilibrado y brindarle otros cuidados para garantizar su aireación y humedad son tareas fundamentales. El compost no es propiamente un abono, sino que actúa como un regenerador orgánico de suelos. Desde una mirada ambientalista, este posee un inestimable valor ya que se trata de la recuperación de materia orgánica a partir de los desechos originados por la actividad humana, que sin ningún tratamiento contaminarían el entorno.

SOL

Sin luz solar, las plantas no crecen. Esta “exigencia” vegetal nos señala la importancia de conocer el recorrido del sol en nuestro espacio, tanto urbano como rural o periurbano. Es preferible elegir un sector de suelo pobre y compactado con buena exposición al sol que un lugar sombreado con un suelo profundo y fértil. Con las labores adecuadas y la incorporación de abonos naturales, es posible obtener un cantero apto para el cultivo de las verduras más exigentes. Las hortalizas requieren de 5 a 6 horas de sol, especialmente las que producen frutos (como los tomates). En cambio, 2 o 3 horas de sol directo serán suficientes para las plantas de las cuales cosechamos solo sus hojas (como la lechuga, la rúcula, la escarola o la espinaca).

El sol es fundamental para el crecimiento vegetal, pero hay ciertas especies, como los tomates, que requieren de mayor cantidad de horas de exposición. El riego es vital como la luz solar, y la clave está en conocer las necesidades de las plantas para dosificarlo en las medidas.

AGUA Y AIRE

En el agua se disuelven las sustancias nutritivas presentes en el suelo que serán absorbidas por las raíces de las plantas. Tanto su falta como su exceso acarrean problemas de diferente índole. Dosificar los riegos conociendo la demanda de los cultivos es vital para la salud de todo el conjunto.

El aire atmosférico aporta especialmente dióxido de carbono (CO2), vital en el proceso de fotosíntesis. El oxígeno, el nitrógeno y el hidrógeno son también indispensables para el desarrollo vegetal. En el suelo, el aporte de oxígeno (presente en el aire circulante) permite la descomposición aerobia de la materia orgánica. También, facilita el proceso de compostaje.

SEMILLAS

Las semillas son uno de los aspectos claves que te van a garantizar el éxito en la huerta. La mayoría de las plantas en una huerta tienen un ciclo de vida anual o bienal, por lo tanto, la reproducción más frecuente en una huerta se realiza por semillas. Compradas, intercambiadas, regaladas, todas guardan bajo sus capas de protección el ADN de verduras maravillosas. El “calendario de siembra”, que compartimos en una columna anterior, orienta sobre sus fechas más apropiadas y las técnicas para mejorarla con la práctica. Saber producirlas y almacenarlas es vital para los próximos ciclos de cultivo.

 

 

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