Pilar Joven

Con la voz como cable a tierra

Jazmín Albarenga tiene 21 años y es madre de un pequeño de un año. A pesar de trabajar en el negocio familiar y su labor como mamá, no deja de lado su pasión: el canto.
miércoles, 21 de marzo de 2018 · 09:43

“Creo que soy una persona tranquila, aunque de carácter, y simpática y sociable”, así se presenta Jazmín Albarenga, una joven madre de 21 años que reparte sus horas entre su trabajo en el bodegón “El Molino”, su hijo Stéfano, y su pasión por la música.

Fue cuando perdió a su tío que descubrió que cantar, era su pasión. Así, al principio con timidez, empezó a bucear en ese amor, hasta ese entonces escondido. “Cuando mi papá perdió a su hermano en un accidente, se aferró mucho a la música y decidió empezar con las clases de canto, y ahí empecé a acompañarlo a las clases. Cuando ensayaba en casa lo escuchaba y en uno de sus ensayos le pedí que pusiera una pista para cantar”, cuenta.

En ese entonces tenía 13 años, y comenzó  a tomar clases con Julieta Rosso. Ya hacia los 16 comenzó el conservatorio pero, por los vaivenes propios de la vida, terminó abandonando aunque, reconoce, “es algo que me quedó pendiente”.

Terapia

“El canto es más que una pasión, es mi cable a tierra, es mi terapia”, asume la joven. “Cuando estoy triste o enojada, me ayuda a relajarme y pensar un poco mejor las cosas, la verdad que no sé qué sería de mí sin el canto, porque es a través de él que logro expresar muchas cosas que quizás, de otro modo, no podría”.

Pero, como todo aquel que quiere destacar en alguna disciplina, sabe que, más allá del talento innato, es preciso esforzarse para, día a día, tratar de mejorar. Por eso a pesar del cansancio de su trabajo diario en el restaurant familiar y su gran labor como madre, sabe que si en algún momento quiere dedicarse exclusivamente a su pasión, “tengo que ponerle mucho empeño y dedicación”.

A pesar de la frescura propia de su edad, tiene la madurez que le dio la maternidad pero sabe que sin el apoyo de sus papás, no podría haber empezado a incursionar en el mundo de los shows en vivo. “Por lo general son de noche, así que en esos casos el bebé se queda con el padre. Además, mis papás me apoyan incondicionalmente y si necesito ensayar, me dejan faltar al trabajo”, sostiene.

Y, más allá de que todos los shows que dio fueron muy emocionantes, “hasta ahora nada se compara con la emoción que siento cada vez que le canto a mi hijo y veo la ternura en sus ojos”.

Así, con el cosquilleo que siente cada vez que canta y el sueño siempre vivo de llegar a acompañar a Abel Pintos, Jazmín sigue creciendo a paso firme siempre con la canción como compañera.

 

 

 

 

 

 

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