Soñadora,
sociable y apasionada. Así se define Valeria Aranda, una joven pilarense de 22
años que vive entre la cocina y su amor por viajar. A los 20 se recibió de Chef
y enseguida tuvo la oportunidad de ser contratada por un reconocido restaurant;
pero para poder empezar a dar sus primeros pasos como cocinera, debía viajar. Y
así, sin dudarlo, partió rumbo a Uruguay, y empezó a trabajar en La Bourgogne
(uno de los 40 mejores restaurantes de Latinoamérica).
¿Cómo se despertó tu amor por la
cocina?
Siempre,
desde muy chiquita, admiré a los cocineros. Su forma de trabajar, de crear y de
inventar. Ya desde temprana edad copiaba recetas o le pedía a mi mamá o a mi
tía que me enseñaran a cocinar, siempre en contacto con una olla, una sartén o
un cuchillo. Pero la realidad es que no se me había ocurrido como una carrera
para estudiar. Terminé el colegio y me anoté directo en Recursos Humanos, pero
al semestre me di cuenta que no era lo que quería, que mi pasión era la cocina.
Y a pesar de que creo que mi familia se decepcionó un poco al principio, decidí
seguir a mi corazón y no me falló.
¿La carrera fue lo que esperabas? Por
ahí muchos no lo saben pero es un ambiente muy complicado, y requiere mucho
sacrificio y dedicación.
Me anoté en
la Escuela del Gato Dumas y el transcurso fue más duro de lo que suponía antes
de empezar. Entre el estudio y el trabajo tenía que hacer un doble esfuerzo
pero sabía que en el futuro iba a tener mi recompensa así que sin bajar los
brazos, seguí para adelante. Tengo en la memoria el recuerdo de llegar a mi
casa a la noche después de trabajar y ponerme a practicar cada receta, cada
técnica. Me he pasado noches hasta las 2 o 3 de la mañana cortando cebollas
porque no me salía un corte, jaja. Duró dos años, que fueron intensos, pero la
felicidad con la cual iba a cursar no la puedo explicar, como tampoco puedo
explicar la satisfacción que sentí al tener el título en mi mano.
Apenas recibida pudiste ir a trabajar
a un restaurant que en Uruguay es muy reconocido, ¿cómo fue esa experiencia?
Comencé a
viajar a los 20, recién recibida, gracias a un Chef al cual ayudé en un evento.
Él me ofreció trabajar para Jean Paul Bondoux, que está a cargo del restaurant
La Bourgogne, de Uruguay. Creo que esto
significó un gran orgullo para mis papás y mis hermanas. Con 20 años era la
primera de la familia que se iba a vivir afuera.
Volviendo a
cómo fue la experiencia, mis primeros pasos los di en un restaurant que se
llama La Table. Arranqué como ayudante de Pastelería y después me pasaron a
otro sector. Fue muy difícil para mí estar por primera vez en una cocina y
rodeada de gente que sabía mucho, pero igual elegí no menospreciarme porque
sabía que el crecer estaba en mí, no en ellos y creo que una de las mejores
cosas que me llevé fue precisamente el aprender a dominar algunas emociones
para no dejarme apabullar.
Al finalizar
la temporada solo uno de los que estábamos como "practicantes” podíamos pasar a
La Bourgogne para quedarnos todo un año y yo fui la afortunada. Fue una experiencia
única que me enseñó a ver las cosas desde otra perspectiva.
Una vez instalada en Uruguay, ¿cómo
fue adaptarse a una nueva vida, estando sola y en un lugar desconocido?
Complejo,
emocionante e increíble. Conocí lugares hermosos, y me hice muchos y grandes
amigos. Hoy por hoy considero a Uruguay como mi segunda casa y a la gente que
tengo allá como mi segunda familia.
Otros rumbos
El camino después de Uruguay, ¿a
dónde te llevó?
Después de
dos años ahí, sentí que había cumplido una etapa. Así que me despedí de La
Bourgogne y partí rumbo a Brasil pero en este caso desde otro lado. Más allá de
que quería conocer todo sobre su gastronomía, me dediqué más a recorrer. Era mi
segundo viaje sola pero en este caso no conocía el idioma, así que eso sumaba
un miedo extra.
Ahora, otra vez radicada en Argentina
y en tu Pilar, ¿en qué aspectos sentís que cambiaste?
Aprendía confiar en mí misma, aprendí a sociabilizar y
aprendí a sentirme libre. En esos tres aspectos cambié totalmente.
Para cerrar, ¿cómo ves tu futuro
laboral?
Creo que
estoy bastante encaminada. Esto recién empieza y todavía tengo muchísimo por
aprender. Ahora estoy en Argentina, disfrutando de mi familia y sobre todo de
mis papás a los que estoy eternamente agradecida, y tratando de aprender más de
nuestra cocina.
Estoy
buscando trabajo acá y estimo que me quedaré un año, un año y medio antes de
volver a hacer las valijas. Mi sueño es Europa, un sueño que ya dejé de soñar
con los ojos cerrados, ahora lo sueño despierta, segura de que lo voy a cumplir.