Pilar Joven

Entre ollas y viajes

Valeria Aranda, de 22 años, se recibió de Chef a los 20 y enseguida la contrataron de un restaurant para dar sus primeros pasos en la cocina. Eso sí, para hacerlo debía viajar. Y sin dudarlo partió a cumplir su sueño de recorrer el mundo haciendo lo que mejor sabe, cocinar.

Por Redacción Pilar a Diario 15 de junio de 2017 - 09:51

Soñadora, sociable y apasionada. Así se define Valeria Aranda, una joven pilarense de 22 años que vive entre la cocina y su amor por viajar. A los 20 se recibió de Chef y enseguida tuvo la oportunidad de ser contratada por un reconocido restaurant; pero para poder empezar a dar sus primeros pasos como cocinera, debía viajar. Y así, sin dudarlo, partió rumbo a Uruguay, y empezó a trabajar en La Bourgogne (uno de los 40 mejores restaurantes de Latinoamérica).

¿Cómo se despertó tu amor por la cocina?

Siempre, desde muy chiquita, admiré a los cocineros. Su forma de trabajar, de crear y de inventar. Ya desde temprana edad copiaba recetas o le pedía a mi mamá o a mi tía que me enseñaran a cocinar, siempre en contacto con una olla, una sartén o un cuchillo. Pero la realidad es que no se me había ocurrido como una carrera para estudiar. Terminé el colegio y me anoté directo en Recursos Humanos, pero al semestre me di cuenta que no era lo que quería, que mi pasión era la cocina. Y a pesar de que creo que mi familia se decepcionó un poco al principio, decidí seguir a mi corazón y no me falló.

¿La carrera fue lo que esperabas? Por ahí muchos no lo saben pero es un ambiente muy complicado, y requiere mucho sacrificio y dedicación.

Me anoté en la Escuela del Gato Dumas y el transcurso fue más duro de lo que suponía antes de empezar. Entre el estudio y el trabajo tenía que hacer un doble esfuerzo pero sabía que en el futuro iba a tener mi recompensa así que sin bajar los brazos, seguí para adelante. Tengo en la memoria el recuerdo de llegar a mi casa a la noche después de trabajar y ponerme a practicar cada receta, cada técnica. Me he pasado noches hasta las 2 o 3 de la mañana cortando cebollas porque no me salía un corte, jaja. Duró dos años, que fueron intensos, pero la felicidad con la cual iba a cursar no la puedo explicar, como tampoco puedo explicar la satisfacción que sentí al tener el título en mi mano.

Apenas recibida pudiste ir a trabajar a un restaurant que en Uruguay es muy reconocido, ¿cómo fue esa experiencia?

Comencé a viajar a los 20, recién recibida, gracias a un Chef al cual ayudé en un evento. Él me ofreció trabajar para Jean Paul Bondoux, que está a cargo del restaurant La Bourgogne, de Uruguay. Creo que  esto significó un gran orgullo para mis papás y mis hermanas. Con 20 años era la primera de la familia que se iba a vivir afuera.

Volviendo a cómo fue la experiencia, mis primeros pasos los di en un restaurant que se llama La Table. Arranqué como ayudante de Pastelería y después me pasaron a otro sector. Fue muy difícil para mí estar por primera vez en una cocina y rodeada de gente que sabía mucho, pero igual elegí no menospreciarme porque sabía que el crecer estaba en mí, no en ellos y creo que una de las mejores cosas que me llevé fue precisamente el aprender a dominar algunas emociones para no dejarme apabullar.

Al finalizar la temporada solo uno de los que estábamos como "practicantes” podíamos pasar a La Bourgogne para quedarnos todo un año y yo fui la afortunada. Fue una experiencia única que me enseñó a ver las cosas desde otra perspectiva.

Una vez instalada en Uruguay, ¿cómo fue adaptarse a una nueva vida, estando sola y en un lugar desconocido?

Complejo, emocionante e increíble. Conocí lugares hermosos, y me hice muchos y grandes amigos. Hoy por hoy considero a Uruguay como mi segunda casa y a la gente que tengo allá como mi segunda familia.

Otros rumbos

El camino después de Uruguay, ¿a dónde te llevó?

Después de dos años ahí, sentí que había cumplido una etapa. Así que me despedí de La Bourgogne y partí rumbo a Brasil pero en este caso desde otro lado. Más allá de que quería conocer todo sobre su gastronomía, me dediqué más a recorrer. Era mi segundo viaje sola pero en este caso no conocía el idioma, así que eso sumaba un miedo extra.

Ahora, otra vez radicada en Argentina y en tu Pilar, ¿en qué aspectos sentís que cambiaste?

Aprendía  confiar en mí misma, aprendí a sociabilizar y aprendí a sentirme libre. En esos tres aspectos cambié totalmente.

Para cerrar, ¿cómo ves tu futuro laboral?

Creo que estoy bastante encaminada. Esto recién empieza y todavía tengo muchísimo por aprender. Ahora estoy en Argentina, disfrutando de mi familia y sobre todo de mis papás a los que estoy eternamente agradecida, y tratando de aprender más de nuestra cocina.

Estoy buscando trabajo acá y estimo que me quedaré un año, un año y medio antes de volver a hacer las valijas. Mi sueño es Europa, un sueño que ya dejé de soñar con los ojos cerrados, ahora lo sueño despierta, segura de que lo voy a cumplir.

 

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