Emanuel
Bonomi tiene 23 años y pasó más de la mitad de su vida en un cuartel de
bomberos, entre el sonido de las sirenas, y la vorágine de cada nuevo servicio
por cumplir. Aunque es licenciado en Seguridad e Higiene, profesión que
desarrolla en la actualidad, reconoce que su vida gira en torno a los bomberos
porque para él se trata de un un estilo de vida, es la columna vertebral de su día a día.
¿Cómo arrancó tu camino dentro de los
bomberos?
Ingresé con
9 años, como cadete menor de la institución. Eso fue en el año 2003 y estuve
desde ese momento hasta hoy de manera ininterrumpida y espero seguir así por
mucho tiempo más.
Si me
preguntás por qué entré, creo que lo hice por esa locura que tenés cuando sos
chico. ¿Viste cuando le preguntás a un nene qué quiere ser cuando sea grande y
te responde bombero, médico o policía? Bueno, en mi caso no quedó solo en esa
pequeña locura sino que me mandé y entré y mi familia por suerte me acompañó siempre.
Hoy, habiendo
pasado 14 años, puedo decir que el asombro y la curiosidad que se me
despertaron al entrar, siguen vigentes y eso es lo que me permite seguir
avanzando.
Entendiendo que es un trabajo
voluntario y, por cierto, muy sacrificado, ¿qué significa para vos ser bombero?
Para mí es
un estilo de vida, supongo que eso tiene que ver con el tiempo que hace que
estoy y por la edad a la que comencé pero yo acomodé mi vida a ser bombero y no
viceversa. Hice mi vida alrededor de esto; mis estudios los adecué de modo tal
de no tener que abandonar bomberos, el trabajo lo trato de ubicar de forma tal de poder seguir desempeñando mi tarea en el cuartel y así con todo. Creo que lo
definiría como la columna vertebral de mi día a día a pesar de que a veces
amoldar todas mis actividades a esto implica esfuerzo, pelea y sacrificio, pero
es la vida que elijo.
¿Y qué tipo de preparación requiere?
Yo entré muy
chico así que la preparación consistió en varios años de cadete menor, aprendiendo en
la escuela que sigue funcionando y de la cual soy director, y básicamente implica estudiar, conocer lo que vas a hacer en un futuro y, finalmente,
toca la parte de hacer el curso de
ingreso para, al momento de cumplir la mayoría de edad, comenzar con los
servicios.
Igual, la
realidad es que la preparación es constante, no termina nunca. Uno sigue
estudiando, rindiendo categorías, preparándose para ascender. Es una
capacitación eterna que recorre toda la carrera como bombero.
Para los que
entran ya más grandes, el proceso preparatorio es similar: se cursa un ingreso
que dura un año, se rinde y a partir de eso pasás a formar parte de la fila del
cuerpo de Bomberos.
¿Y qué le dirías a alguien que tiene
ganas de ser bombero pero no se anima?
Lo que le
diría es que es mejor probar y darse cuenta que no es lo de uno que quedarse
con la duda eterna de si lo es o no. Por ahí muchos piensan que no tienen la
capacidad para serlo pero la única manera que se tiene de saberlo o no es
estando adentro.
¿Son muchos los jóvenes que deciden
dedicar una parte importante de su vida al servicio?
Sí, la
realidad es que hay una población joven muy importante. Y esto es fundamental
porque Bomberos es una institución que se nutre del empuje, la garra y las
ganas de aquellos que la conforman. Que haya gente que se anime a dar el paso y
entre aportando nuevas ideas, con nuevas ganas de laburar, con curiosidad, es
un motor. Y es clave el equilibrio que se da entre la experiencia de los que
están hace muchos años y se la transmiten a los nuevos y las ganas de los que recién
arrancan que aportan una mentalidad fresca.
Y así culmina esta entrevista. Emanuel continúa viviendo entre su profesión y su pasión, con la curiosidad intacta y las ganas de seguir colaborando con los vecinos de Pilar, impulsando a los más chicos a brindar su vida para ayudar a los demás.