El pilarense que fue testigo del gol del siglo

Carlos Lynn estuvo en el Estadio Azteca aquella tarde consagratoria de Maradona, hace 35 años. "Agarró la pelota y los hizo de goma", describió al Gol del Siglo, que será gritado nuevamente a las 16.09.
martes, 22 de junio de 2021 · 08:30

Sin ser periodista ni jugador... ¿Cuántas personas pueden ostentar que estuvieron en la cancha en los dos títulos mundiales de Argentina? Un pilarense sí: Carlos Lynn, un tuerca que -sin embargo- se dio un lujo reservado para un puñado de afortunados.

El 22 de junio de 1986, el hombre estaba en las tribunas del Estadio Azteca, detrás del arco en el que se hizo el mejor gol de la historia de las Copas del Mundo. Minutos antes, había sido testigo de uno de los tantos más polémicos: la Mano de Dios. Hoy se cumplen 35 años de aquel momento inolvidable, con un condimento especial y doloroso: no está Diego Armando Maradona para evocarlo. Sí se armó una movida para gritar el gol a las 16.09, cuando se cumpla el aniversario exacto.

“No soy futbolero, solo me gustan los mundiales”, decía Carlos Lynn en una entrevista con El Diario, años atrás, y de eso no quedan dudas: el pilarense estuvo en cuatro copas del mundo, y en tres de ellas Argentina llegó a la final, ya que también estuvo en aquella fatídica noche de Roma en Italia '90.

Su apellido, en Pilar, es sinónimo de automovilismo, pero los mundiales lo cautivan. En aquel junio de 1978 acudió a la final frente a Holanda junto a su hermano Osvaldo: “Estábamos atrás del arco en el que Kempes metió sus goles, el mismo del gol de ellos”.
Los festejos fueron en casa, ya que apenas terminó el cotejo, tomaron la vieja Panamericana con rumbo a Pilar para abrazarse con vecinos y amigos.

Barrilete

Llegó el Mundial de México 1986 y con él un equipo envuelto en dudas que se fue agrandando con el correr de los partidos. “Con mi grupo de amigos dijimos que íbamos a estar, pero mientras llegaba el momento se fueron bajando. Al final quedé yo solo y viajé igual”.

Carlos no pudo haber llegado en mejor momento: cuartos de final, es decir, Mano de Dios y Gol del Siglo. “Estaba atrás de ese arco. En la cancha no me di cuenta de que Maradona hizo el primer gol con la mano, tampoco pareció intencional. El segundo fue todo lo contrario: agarró la pelota y los hizo de goma…”.

La salida del estadio fue complicada, tanto que unos mexicanos terminaron llevándolo a su hotel para que no cayera en las emboscadas de los temibles hooligans (además, tenía la camiseta argentina puesta).

Pasado el partido con Bélgica, el 29 de junio de 1986 el estadio Azteca lucía repleto, con una multitud que estaba a favor de Alemania. “Fue sensacional haber ganado, todos cantaban por los alemanes y eso agrandó a nuestros jugadores”. Eso sí: un conflicto de Aerolíneas lo obligó a quedarse en ese país varios días después del partido decisivo.

Aquel Mundial también le dejó una anécdota que hoy sería imposible de vivir: “Antes los jugadores eran mucho más accesibles, se podía entrar a la concentración y charlar con ellos. En México llevé a Tapia, Islas, Bochini y Olarticoechea a visitar a Passarella, que estaba internado. Fuimos en un Volkswagen ‘escarabajo’ que había alquilado para moverme allá”.

Cuatro años más tarde, en Italia, la épica fue la misma, pero con distinto final. Pero esa es otra historia...

 

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