Historia

A 60 años de la última maniobra de Alberto Logulo

El piloto de TC era uno de los más importantes del país. Murió en un accidente a la altura de Empalme (hoy Fátima), cuando se disputaban las Mil Millas de 1960.
domingo, 6 de septiembre de 2020 · 00:02

La carrera había largado en Avellaneda, más precisamente desde la filial del ACA en la ciudad sureña. Era la madrugada del 4 de septiembre de 1960 y se disputaban las Mil Millas, legendaria prueba del Turismo Carretera, cuya primera edición en 1937 había sido ganada por Eduardo Pedrazzini a bordo de un Ford.
Sin embargo, un rato más tarde, ocurrió la tragedia: a la altura de Empalme (luego Fátima), un accidente provocó la muerte de Alberto Logulo, en ese momento uno de los pilotos más queridos y respetados del automovilismo nacional.
Platense de nacimiento pero marplatense por adopción, Logulo era distinguido por no escatimar a la hora de pisar el acelerador. Un arriesgado, un temerario al que la velocidad no lo acobardaba. 
Hasta aquella madrugada, su trayectoria contabilizaba ocho carreras ganadas y dos etapas de Gran Premio, todas con Ford. Su auto era preparado en rectificadora “El Inca”, de Mar del Plata. Había ganado su primera carrera en la Vuelta del Chaco de 1952, con un recorrido de 865 kilómetros a 109,176 kilómetros por hora de promedio.

Fatalidad
Aún era de noche cuando los autos pasaron por territorio pilarense, circulando por la ruta 8. Entre los punteros estaba Logulo, quien el año anterior había ganado las carreras de Mar y Sierras y San Nicolás. Lejos de ser “del montón”, se trataba de uno de los animadores habituales en las rutas del país.
Mucho se dijo y se elucubró sobre los motivos de la tragedia. Una de las versiones más firmes habla de una confusión de los competidores que punteaban la carrera, quienes al llegar a Empalme habrían tomado en forma equivocada el camino de tierra que lleva a Torres (localidad de Luján).
Al retomar la ruta 8, la noche aún cerrada más la tierra suspendida le imposibilitaron a Logulo distinguir la traza de la competencia. 
Es así como, en la curva del boliche de Lavallén y la carnicería de Dentoni, chocó contra una empalizada construida con durmientes de quebracho, utilizada por los tamberos para cargar por la culata de los camiones los tarros repletos de leche.
Alberto Logulo murió en el acto, mientras que su acompañante –el Negro Linares- sufrió una larga convalecencia, aunque logró salvar su vida.
Apenas como un dato anecdótico, las Mil Millas de 1960 fueron ganadas por el mítico Juan Gálvez, quien también tendría su abrupto y trágico final, tres años más tarde.
En Fátima, en honor a Logulo, poco tiempo después se erigió un monolito, idea del dueño de una estación de servicio en Solís y el programa radial “Coche a la Vista” creado por Luis Elías Sojit. El monumento incluía el volante que había empuñado el piloto por última vez.
Años atrás, el recordado Néstor Carey, fanático de los autos y parte del público esa madrugada (aunque estuvo apostado a la altura de Pilar), expresaba en El Diario: “Parafraseando al gran poeta argentino José Pedroni, diremos que Alberto Logulo eligió a mi pueblo para venir a morir, campaneando ahora desde las estrellas el récord de vuelta de cada serie del TC, porque él era un velocista nato y eso de la velocidad le atañe y mucho”. 

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