Boxeo

Hace 30 años, Pedro Décima alcanzaba la gloria eterna

El delvisense se coronaba campeón de los Súpergallos por el Consejo Mundial. El 5 de noviembre de 1990 derrotaba por KO a Paul Banke. Un hombre que llegó a la cumbre en silencio y con trabajo.
jueves, 5 de noviembre de 2020 · 14:57

Un 5 de noviembre de 1990, Pedro Décima tocaba el cielo con sus puños después de consagrarse campeón mundial de los Súpergallos por el Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

El púgil de Del Viso levantaba sus brazos hacia la gloria al vencer por nocaut al estadounidense Paul Banke. Faltaban alrededor de 30 segundos para que terminara el cuarto round, y la derecha del retador Décima se clavó contra el pómulo del campeón, quien cayó por tercera vez en ese asalto y perdió así de manera automática.

Décima nació en 1964 en Benjamín Aráoz, Tucumán, pero es vecino de Del Viso. Su padre, un fanático del boxeo, prometió hacer todo lo posible para que su primer hijo fuese pugilista y cumplió, llevando a Pedrito a un gimnasio para tirar sus primeros golpes. “Yo siempre fui muy tranquilo, nunca un peleador”, contaba Décima en una nota a El Diario.

“Empecé a los 16 años en la Federación y gané el Campeonato Aptitud, el de Novicios y el Argentino de Novicios, tres títulos seguidos en un año”. Convertido en una promesa, participó de los Juegos Olímpicos Los Ángeles 1984, llegando hasta cuartos de final. Precisamente, Estados Unidos sería un lugar muy especial en su carrera: entre 1987 y 1989 registró victorias que lo posicionaron.

 “Vivía en Las Vegas -recuerda-, en la casa de mi entrenador, Miguel Díaz, que para mí era como un padre. Estando en la Argentina no tenía rivales, entonces ‘Tito’ Lectoure me mandó para Estados Unidos, porque acá no me quería pelear nadie”.

El gran día
“La oportunidad de pelear por el título mundial ya se venía hablando, pero me esquivaban. Hasta que salió la chance contra Paul Banke”, recuerda Décima, definiendo a su oponente como “un guerrero que iba al frente y tiraba. Era un noqueador”. Y agrega: “Yo siempre estuve bien entrenado, pero un mes antes me fui a Estados Unidos y seguí la preparación allá. Mentalmente estaba tranquilo”.

La pelea se realizó en Inglewood, California, donde Banke era totalmente local. Sin embargo, el argentino no se amilanó en ningún momento, tomando las riendas del combate desde un principio. “Lo boxeé bien y sintió mi mano ya en el primer round. Ahí me di cuenta que lo tenía, ya sabía que iba a ganar porque me sentía fuerte.”

Décima comenta que “de entrada empecé bien, con izquierda y derecha, tenía todo controlado desde el principio. Yo sabía que iba ganando, hasta que se definió en el cuarto, cuando lo tiré tres veces. Fue una alegría tremenda para mí y para todos los que estaban conmigo. Mi familia la siguió desde Argentina, por televisión”.

De vuelta en el país, la gente lo acompañó desde que llegó al aeropuerto de Ezeiza hasta Del Viso. “Llegué de día y durante toda la tarde la localidad festejó”, recuerda, afirmando que “salir campeón no me cambió para nada mi manera de ser -asegura-, soy una persona muy corta para hablar. No soy el típico boxeador bocón, se habla arriba del ring. No me gusta lo otro, siempre fui controlado. Lo mismo con el entrenamiento”.

La caída
El reinado de Pedro Décima duró apenas 3 meses, ya que en febrero de 1991 resignó el título frente al japonés Kiyoshi Hatanaka, en Tokio. “Me hubiese convenido, como primera defensa, pelear de local contra alguien accesible, pero no tuve suerte”, afirma.

La pelea fue tremenda. Tanto que El Gráfico tituló: “Fue sangrienta y terrible”. El boxeador tiene una teoría sobre lo que sucedió: “En Japón no pude dar bien con el peso, si no, no me ganaba. Hace un tiempo, Miguel Díaz vino al país y me dijo ‘la culpa la tuve yo’. Si hubiese estado bien físicamente no me ganaba. Si lo corté todo, lo tiré en el primer round... Pero fue más fuerte y me ganó, por nocaut técnico”. El campeón había muerto de pie.

El último tren para volver a pelear por el título pasó por Las Vegas, en 1992, ante Rudy Zavala. Con 44º de temperatura, Décima cayó por nocaut técnico en el 6º asalto, luego de complicarse por un cabezazo artero del rival que le produjo un corte que no paró de sangrar. Al año siguiente disputó otras 3 peleas en Argentina, la última el 23 de octubre, ganando por nocaut frente al brasileño Almir Fernandes de Oliveira. Luego de esa pelea, Décima colgó los guantes. Tenía 29 años.

El campeón
“Luego de retirarme empecé a trabajar en la Ford. No podía sentarme a esperar varios meses por una chance. Me iba todos los días en colectivo a entrenar al Luna Park, y era un gasto. Siempre me costó conseguir peleas, ahora veo que cualquiera consigue una chance con muy pocos combates”, recordaba.

Además, se lamentaba porque “no hice diferencia económica, gané todo pero no pude ganar plata. No tengo como para estar bien. Es muy mal pago el boxeo, el jugador de fútbol cobra fortunas, pero el boxeador pelea, le pagan poco y después está como 5 meces sin pelear. Y algunos hasta quedan mal por las trompadas que reciben, yo tengo compañeros de mi época que no pueden ni hablar”.

Codearse con los grandes
La posibilidad de entrenar y pelear en los Estados Unidos le dio a Décima la chance de estar cerca de sus ídolos. “Me crucé con Tommy Hearns, Sugar Ray Leonard y ‘Mano de Piedra’ Durán, entre otros. Además, a Mike Tyson lo conocí en el ’90, entrenando en el mismo gimnasio de Estados Unidos: lo ví hacer guantes y era increíble, pero si te dedicás a la bebida, la droga, la joda, terminás como terminó él”, recordaba Pedro.

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